SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine,ocio-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Hasta el mismo día en que te perdí

Por Jesica Guarrina.

“Hasta el mismo día en que te perdí”, se presenta como una historia acerca de los recuerdos y de la invención de la memoria. Acerca de la “memoria selectiva” diría “Alba” (Analía Sánchez), parafraseando a los médicos de la época. La obra se conforma, escena tras escena, como una especie de gran relato psicológico, que va y vuelve en el tiempo: se remonta a un tiempo lejano, a esa infancia perdida, pero muy deseada y añorada para luego, retornar a la realidad presente, angustiosa y nostálgica. La preservación de los recuerdos bellos, en esta obra, termina siendo ese salvoconducto que permite conservar la integridad física y psíquica de la protagonista. El “hombre” (Daniel Aizicovich) no entiende a su mujer, por lo que acaba por hacerle preguntas incómodas o acaba por refugiarse en la invención y artesanía de objetos. Ella, en cambio, ante tanta tragedia que la circunda, termina por refugiarse en su mundo interior y así permite recrearse y reinventarse de niña en escenas familiares felices.

“Hasta el mismo día en que te perdí”, entonces, no sólo nos habla de la tragedia de la muerte y de una forma de sobrevivir a ella. También, se constituye como un relato de la multiculturalidad, pues las memorias que Alba evoca, trasladan al espectador a los inicios del s. XX, a las épocas de la segunda o tercera oleada de inmigraciones europeas a nuestro país. En ese contingente de gente, se incluyen principalmente a los italianos y a los españoles. Indefectiblemente, esos millones de inmigrantes trajeron consigo sus costumbres, tradiciones, formas de ser, pensar, de sentir, de hacer, de decir y de concebir el mundo. Por más de que un férreo y naciente Estado argentino intentó incluirlos –especialmente a sus hijos, nacidos en suelo americano- en el sistema educativo nacional, de modo que aprendan, de tal modo, una estricta “liturgia patriótica”; el peso emocional y moral de todos esos valores no perdió predominancia. El mestizaje de valores y de concepciones de mundo generó algo nuevo: la obra retrata muy estéticamente ese momento de pasaje, de transición, de mezcla y de choque entre ambas culturas. Hablamos de lo andaluz, pues los hijos de “los abuelos” (de Alba) ya habían nacido en suelo argentino, pero no dejaban de recrear las fiestas populares que se vivían en el sur de España, antes de que ellos embarcaran. De este modo, los personajes, entre acentos y dialectos que remiten a lo andaluz –o a lo madrileño, pues ellos también se confunden- se van fundiendo en la recreación de esas fiestas: danzas, cánticos, poemas y estrofas recitadas, alegría, aplausos, presentaciones de pequeños números. La obra va y vuelve entre el presente lúgubre y ese pasado lleno de alegría; entre ese “algo trágico”, que acecha y que incita a que Alba se refugie en su memoria afectiva, y entre ese pasado rutilante y maravilloso. Entre castañuelas españolas y tangos porteños, se van delineando los vínculos y relaciones que ligan a los diferentes personajes de la historia. En un intento de borrar y eliminar su triste presente, Alba concurre una y otra vez a ese baúl de recuerdos modificados. ¿Quién sabe si sucedieron realmente, objetivamente, de tal manera? Eso, claro, no importa demasiado. Pues tales acontecimientos cobran realidad psíquica, llena de significación para su subjetividad y su preservación individual.

Los actores se combinan muy bien, fluyen arriba del escenario y nos inundan y contagian de esa alegría presente en las fiestas de los pueblos. Juegan con ese imaginario y lo re-actualizan permanentemente, ya sea desde las gestualidades, desde los movimientos, desde los dichos. Resulta simplemente maravilloso poder apreciar las voces, las danzas, los gritos apasionados, los reclamos y los pequeños enojos: todos condimentos que hacen a la trama familiar de cualquier familia porteña trabajadora, descendiente de inmigrantes españoles. Recrean ese “algo” que nos constituye y atraviesa como personas y como sociedad. Diego Brienza ha sabido construir una pieza que puede ser leída tanto desde un nivel subjetivo e individual como desde una dimensión social. Así, conjuga lenguajes –música de piano en vivo, teatro, danza en diferentes ritmos, canto, poesía- y a partir de tal entramado de disciplinas artísticas, nos habla también de un entramado de culturas como telón de fondo para su historia entre el “hombre” y la “mujer”. En medio de tanto retorno, a nivel global, de ciertas ideas que reivindican los diferentes nacionalismos –y con ello, que intentan eliminar, negar al otro y hasta posicionarlos como nuevo “enemigo de clase” o “enemigo de Estado”- es pertinente y hasta productivo, recordar algunos de nuestros orígenes. Ni razas puras, ni naciones poderosas y absolutas, ni sentimientos de xenofobia: “hasta el mismo día en que te perdí” me hizo recordar toda la positividad y productividad que hace a la constitución de las naciones, toda esa mezcla entre culturas y pueblos que nos forman y que trascienden los meros “orígenes” o las meras “raíces”, pues éstos se actualizan una y otra vez en forma de recuerdos, tradiciones y modismos. No viene mal recordar el carácter de artificialidad conceptual que rodea a la conformación de las nacionalidades así como tampoco, disfrutar de tal interculturalidad y de ser felices por ello.

 

Ficha técnico-artística

Elenco: Daniel Aizicovich (hombre); Enrique Dumont (joven); Janina Levin (Susanita); Claudia Mac Auliffe (América; La niña Nilda); Agatha Fresco (Sabina); Esteban Rozenszain (Antonio); Cristian Sabaz (Tío Tazio); Analía Sánchez (Alba); Diego Santos (Manolo; Manolito).

Bailarinas: Lourdes Castagna; Candelaria Castañon; Florencia Galvan y Natalia Troccoli  

Música en vivo y dirección musical: Esteban Rozenszain

Coreografías: Laura Tonelli

Diseño de vestuario y escenografía: Cecilia Zuvialde

Diseño de iluminación: Francisco Varela

Fotografía: María Horton

Esculturas: Mónica Canzio

Diseño gráfico: Micuana

Prensa: Prensa Novello.

Producción ejecutiva: Janina Levin

Texto y Dirección: Diego Brienza

 

El Portón de Sanchez  

Sánchez de Bustamante 1034, CABA.

Domingos 18 hrs

Tel: (011) 48632848

Localidades $300 .-

Est. Y jub $250 .-

Entradas en venta alternativa teatral o boletería del teatro

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 23 abril, 2019 por en teatro.
A %d blogueros les gusta esto: