SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine,ocio-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Juegos de amor y de guerra

Por Laura Cozza

Viajamos en el tiempo hacia la Argentina del gobierno de Castillo, donde los militares eran los dueños del poder político y social. Se avecinaba una revuelta inminente dentro de las fuerzas militares por las diferencias ideológicas y de clases. Presenciamos una Argentina donde las oligarquías terratenientes eran dueñas del poder que comenzaba a despertar de a poco hacia una nueva mirada del mundo, donde los hijos de los inmigrantes europeos mayormente italianos y de origen campesino, importaron no sólo las tradiciones de sus tierras, sino las ideas de los nuevos movimientos políticos y sociales. Estamos en una bisagra histórica, los hijos argentinos de la aristocracia terrateniente heredera de las colonias españolas, que se proclamaban los verdaderos argentinos, soberanos dignos de los lugares de poder y de la milicia y por otro lado los hijos de los inmigrantes pobres, escapados de la Primera Guerra Mundial, primera generación de argentinos que venían de clases desposeídas, con el único afán de superar la marginalidad y la pobreza de sus antepasados.

En “Juegos de amor y guerra” (obra de teatro dirigida por Oscar Barney Finn que actualmente puede verse en el Centro Cultural de la Cooperación los domingos por la noche) el actor Diego Mariani, representa de forma excelente al hijo de un inmigrante italiano convertido en Teniente, sentimos una sed de superación personal y simbólica que lucha con sus fantasmas de clase, pero también sentimos su bronca hacia las clases oligárquicas argentinas, que no reconocen la superación social de estos. Esa guerra interna entre argentinos, será el centro de la mirada de la obra. Permitiéndonos ser testigos de una diferencia económica y simbólica que posicionó a los argentinos aristócratas en las antípodas de la nueva Argentina, donde las clases subordinadas comenzaban a formar parte de los lugares estratégicos de poder político y nos arrimábamos a la modernidad del mundo. Lo interesante es ver como un espejo del pasado puede reflejar nuestra situación actual y preguntarnos si hemos superado estas diferencias.

Una brillante actuación de la destacada actriz Luisa Kuliok, nos permitirá sentir en carne propia como sienten las élites argentinas, priorizando el status social por sobre los valores humanos y filiales. Esta mujer cuya presencia escénica es impactante, representa la imagen del poder, la imagen de la ambición y la lujuria. La fragilidad no tendrá lugar dentro de esa familia, lo frágil tendrá que ser escondido, oculto encerrado o aniquilado, no importa el origen de las desgracias, importa salvar el honor. Una madre dispuesta a todo con tal de no perder su status.

El hijo personificado por Walter Bruno, será el centro del conflicto de la obra. Veremos enemigos internos y externos. Los representados por las invasiones europeas, pero también por las invasiones internas, en una sociedad heterogénea. La actuación del actor Sebastián Holz representará la vida de los submundos dentro de los cabarets porteños, se pondrá en la piel de un travesti ruso que por el hambre y la desdicha de su tierra luego de emigrar por varios países para sobrevivir a la pobreza y hastío vive en Buenos Aires trabajando como artista en un cabaret de la Recoleta. El personaje, nos pondrá frente a la debilidad que han sufrido los extranjeros sobrevivientes que emigraron en busca de mejor calidad de vida, la vulnerabilidad a flor de piel, con un vestuario destacado con brillo y glamour, pero sobre todo talento.

Un escenario modesto cuyo resplandor escénico será dado por el profesionalismo de los actores, acompañado por una perfecta elección de vestuario elegante y sofisticado. Las miserias humanas, escondidas detrás del disfraz de una clase, ocultaran los peores secretos y pecados. El dinero justificará los peores caminos del ser humano. La empatía como debilidad, la ambición como meta. Una obra que nos permitirá ser testigos de la mediocridad humana, de los más bajos instintos que tienta al ser humano a la barbarie y a la guerra.

Centro Cultural de la Cooperación 

De Gonzalo Demaría.

Actúan Luisa Kuliok, Diego Mariani, Sebastián Holz, Walter Bruno y Sebastián Dartayete. Dirección y Puesta en escena: Oscar Barney Finn.

Vestuario:

Mini Zuccheri

Escenografía: Alejandro Mateo

Iluminación: Leandra Rodríguez

Peinados: Paula Molina

Musicalización: Sergio Klanfer

Fotografía: Javier Mollo

Diseño gráfico: Leandro Correa

Asistencia de iluminación: Sofía Montecchiari

Asistencia de dirección: Mauro J. Pérez

Prensa: Duche&Zarate

Producción ejecutiva: Sol Vannelli

Dirección: Oscar Barney Finn

Funciones: Domingos 20 hs. / Localidades: $ 350.- Desc. a jubilados y estudiantes. Club La Nación. Venta x www.alternativateatral.com

Centro Cultural de la Cooperación – Av. Corrientes 1543 / Sala Solidaridad

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 3 marzo, 2019 por en teatro y etiquetada con .
A %d blogueros les gusta esto: