SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Bolero Criollo

Por Jesica Guarrina.

Tomando la música y la idea del “bolero” del compositor francés Maurice Ravel como horizonte inspirador, este “Bolero Criollo” se desarrolla a modo de ensayo en el escenario. Más concretamente, se trata de cuatro personajes que viven en algún basural de nuestro país, casi imposibilitados por las circunstancias penosas y degradados en su subjetividad, pero que, desplegando estrategias y recursos, logran conformarse como una Compañía de canto, danza y actuación. De esta forma, los vemos ensayar, practicar diversos números y hasta reflexionar acerca de sus propias experiencias de vida con humor e ironía.

Por detrás de estos personajes –de entre los cuales sobresale “Pilu” y su gran talento y destreza para dirigir la Compañía- se visibiliza un viejo conocido/nuevo asunto acerca de la marginalidad y la vulnerabilidad social. Víctimas de la degradación, de la exclusión y expulsión; ese destino de “estar por fuera del sistema” que se erige como indefectible, insoslayable e irreversible para algunos, señala una especie de metáfora social acerca de los muchos que han atravesado y atraviesan tal situación. Bastante ya se ha reflexionado desde la historia y desde las ciencias sociales a propósito del modelo neoliberal y de las políticas económicas que éste trae aparejadas, implementadas en nuestro país desde mediados de la década de 1970, de la mano de un gobierno dictatorial de facto y nefasto, y con mayor vigor, desde la década de los 90 con el menemismo. Tomando la definición “sociológicamente densa” de Loic Wacquant, el neoliberalismo, hoy día, se constituye como un proyecto político transnacional, conducido por una nueva clase dirigente global, destinado a reconstruir el nexo del mercado, del Estado y de la ciudadanía desde arriba. Esto implica cuatro ejes de acción destinados al logro de un gobierno pequeño: la desregulación económica; la retracción del Estado de Bienestar y de sus políticas de seguridad social; el establecimiento de un imaginario social de “responsabilidad del yo” que justifica el progresivo achicamiento o ausencia de Estado en materia social y cultural y la penetración en las capas más bajas de la sociedad de un aparato penal y represivo altamente intrusivo, selectivo y proactivo en el control de “desórdenes” provocados por la profundización de la desigualdad social (Wacquant, 2011).[1]

Pero, tomando este paradigma teórico como telón de fondo, lo que nos propone el director Rubén Monreal, es poder reflexionar este gran experimento social de políticas neoliberales, que es la Argentina, desde el arte y más específicamente, desde el teatro. No en vano, la obra surge en el 2001, en medio de crisis económica y efervescencia político-social, situación específica susceptible de trascender ese momento histórico y perpetuarse como alegoría y metáfora hasta nuestros días. Mezcla de musical y danza, la puesta se destaca en su escenografía colorida y llena de vida. La conjunción de los cuatro personajes termina por otorgarle ese brillo y esa cohesión artística y narrativa: los actores se conocen muy bien y fluyen en el escenario. Por momentos un poco repetitiva en su desarrollo argumentativo, el final de la obra sí sorprende e impacta al espectador con un suculento mensaje: a modo de metáfora distópica, se juega con ciertas nociones como las de “canibalismo” y “muerte”. De la mano de acciones muy bien logradas y trabajadas, se logra algo totalmente fuera de lo esperable: el mensaje no sólo desencaja al espectador en cuanto le cuestiona su horizonte de expectativas, su marco de referencia y su escala de valores sino que también lo desliga directamente de su zona de conforto a la hora de pensar ciertas cuestiones sociales. Algo tan trágico y despiadado como la marginalidad social –todo en “Bolero Criollo” es trágico, aun así nunca se pierde ese tratamiento humorístico, algo grotesco e irónico- cobra color y vida de la mano del arte. Un recurso, quizá, mucho más efectivo que la sola explicación teórica, a la hora de reflexionar. Sin abandonar el humor y la estética teatral, en “Bolero Criollo” podemos palpar algo de la complejidad de la realidad social: esta vez, de la mano de personajes que padecen la vulnerabilidad. No son “marginales” por mero deseo, falta de aptitud o de voluntad, sino por ser los sujetos tocados por las consecuencias negativas de la propia dinámica del capitalismo: eso que tantas veces se menciona como las consecuencias endémicas a un modo de producción desigual y estratificado basado en el principio de enriquecimiento de unos pocos y de proletarización de muchos otros.

[1] Wacquant Loïc (2011). “Forjando el Estado Neoliberal, Workfare, Prisonfare e Inseguridad Social” en Prohistoria vol.16 Rosario, jul/dic 2011.

 

Ficha técnica:

Autoría: Ruben Monreal

Actúan: Carmen Accattoli, Juan Franzese, Alejandro Orduna, Diana Porto

Vestuario: Eugenia Kubli

Escenografía: David Figueroa

Iluminación: Eugenia Kubli

Musicalización: Luis Aceto, Federico Arreseygor

Música: Maurice Ravel

Fotografía: Espacio F

Diseño gráfico: Agustín Bucari

Prensa CABA: Más Prensa

Prensa La Plata: Mauro Peralvo

Asistencia técnica: Paula Rivas, Camila Lunelli

Asistentes: Clara Biglia, Pedro Biglia

Asistente de Dirección: Ruth Passadore

Coreografía: Danna Coraggio

Producción General: Ruth Passadore y Sala 420

Dirección: Rubén Monreal

Duración: 55 minutos.

 

Teatro El Cubo

Zelaya 3053, CABA

Sábados 10, 17, 24 de noviembre 21 hs.

TEL: 4963-2568

Venta de localidades en: Ticket Hoy

Localidades: $250.

 

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Esta entrada fue publicada el 8 noviembre, 2018 por en teatro.
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