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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Terrenal

Por Luciano Alonso

Mauricio Kartun, como si fuese un DJ posmoderno, toma elementos precedentes de la mitología bíblica (el mito de Caín y Abel) y los reversiona en clave paródica, remixándolo con la tradición gauchesca, con samplers de Horacio Guarany, Samuel Beckett y el teatro del absurdo. El experimento podría haber salido mal, pero salió bien. Tan bien, que Terrenal es una genialidad de primer orden. Tanto así, que hasta cautivó al público, cada vez más amplio. Nada de obra de culto para unos pocos espabilados, no. Miles de espectadores lo confirman: la obra es funcional, es efectiva: gusta de manera inmediata y, cuando una obra conforma a un público numeroso, cuando goza de la aprobación popular, pueden suceder dos cosas: o es muy buena o es muy mala. Yo digo que es muy buena y aquí es donde entran en juego las subjetividades de la crítica galopante.

Terrenal es una obra de excepción, antológica. La gracia de la propuesta, con su cuota de irreverencia y sarcasmo, la solidez del texto, que sintetiza problemáticas de diversa índole, que van desde lo poético y filosófico, hasta lo existencialista y político, pero también, cuestiones ligadas a la experiencia teatral, puramente teatral. Las actuaciones, la iluminación, la escenografía. La magia del teatro. Es decir, un texto sólido, pero una puesta en escena que acompaña. Pienso que las palabras tienen un poder inmanente, que se despega del que las pronuncia. Pero la entonación, la modulación, el magnetismo animal del actor, acaso, también tienen su propio poder hipnótico. A veces, hay una confluencia, una sinergia, entre texto y actor, donde uno encuentra en el otro, su mejor exponente. No sucede a menudo, pero cuando sucede, se genera un impacto adicional, una energía nueva, de magnitud impredecible.

Terrenal plantea una situación que, de tan absurda, tiene que ser cierta. Después de todo, no hay nada más inverosímil que la realidad. Narra la historia de dos hermanos, Caín y Abel, que mantienen una relación tensa. Caín es materialista, calculador, sacrificado, racional. Abel es ocioso, relajado, emocional. Caín se preocupa especialmente del trabajo. Abel, de la siesta. De cualquiera manera, no es que Abel sea un vago, sino que se toma las cosas con calma. Mientras Caín planta morrones, Abel cría isoca, la larva del escarabajo, que se utiliza como carnada para la pesca. Caín trabaja todos los días, Abel, sólo trabaja los domingos. Día que, se supone, se debe descansar. Hay algo irreverente en Abel, que parece transgredir las normas y vivir a su aire. Hay algo malsano en Caín, que parece envidiar la suerte de Abel. Desde luego, cada uno será una metáfora de dos maneras y posibilidades de concebir el mundo, incluso en su aspecto político. La izquierda y la derecha, el capitalista y el socialista (o el utópico o el libertario).

La trama se complica con la aparición-intervención de Tatita, léase Dios, léase demiurgo. Caín espera ser recompensado por toda una vida de sacrificio y esfuerzo y, en su lugar, encuentra que Tatita parece llevarse mejor con Abel. Caín está decepcionado, frustrado. No sólo porque Tatita no lo elige como favorito, sino porque, además, Tatita no es lo que esperaba. Tatita acepta ir a un baile con Abel. La doble frustración de Caín, lo lleva, primero, a fumigar el criadero de isoca de su hermano, en una escena bisagra, de enorme fuerza. Después, lo arrastra al crimen, simple y llano. Caín asesina a su hermano Abel, a sangre fría. Dios, que todo lo ve y todo lo sabe, dialogará con él. En la improbable búsqueda de un castigo justo, se resuelve la trama, con eficacia impredecible.

En el escenario, se trabaja con la idea de profundidad de campo. Hay tres niveles, tres dimensiones, diferenciados por la apertura escalonada y simétrica, de bambalinas expuestas. En el primer nivel, de máxima apertura, los actores están de cara a público, en el segundo nivel, hay una suerte de trasfondo, de nexo, de perspectiva. El tercer nivel es, casi, un fuera de campo. Sin embargo, podemos ver, en ese nivel, una exposición del artificio. Allí hay una batería, unos micrófonos, allí estarán, alternativamente, Tatita o Abel, cuando no estén en escena y desde allí harán percusiones, aunque, más que componer melodías, aportarán un clima propicio, para las diferentes escenas. No hay mucho más en el escenario. Una banqueta, un balde. Pocos elementos, mucha sugestión.

Caín (Claudio Martinez Bel) gesticula con subrayado y efectivo acento cómico. En cambio, Abel (Claudio Da Passano), maneja un registro indescifrable, que oscila entre el drama y el grotesco. Es curioso, pero si un actor iba a ser más apesadumbrado que otro, cualquiera pensaría que el semblante serio correspondería a Caín, no a Abel, pero es Abel quien parece torturado, aunque interprete un rol dicharachero. Claramente, es a propósito. El hecho de que Caín, el malo de la película, sea también tan gracioso, tan efectivamente cómico, nos confunde y entusiasma. Le aporta nuevos sentidos a la trama, un enigma extra. Otro tanto puede decirse de Tatita (Rafael Bruza), cuyo personaje es elocuente y resuelto, sin ser rudo, ni rígido.

Los tres actores, en diferentes registros, componen personajes sólidos, efectivos, contundentes, que toman elementos del clown y del grotesco (incluso en sus vestimentas y maquillajes), pero también del complejo y elevado arte dramático. Digamos que saben dosificar sus expresiones y registros, faciales y corporales, con equilibrio. Sus representaciones nunca son del todo satíricas, ni del todo trágicas, sino que componen una mezcla, un claroscuro. Hacia el final, Tatita se lleva todos los laureles. Su personaje trasciende de sí mismo. Se arroja fuera de sí, hacia abismos filosóficos, insondables. El actor está a la altura de su personaje. El impacto en el espectador es profundo.

Habrá escenas, diálogos, elementos disruptivos, que nos hacen pensar en un sueño. En la lógica de un sueño. El pasado y el presente se mezclan y confunden. Los protagonistas están vestidos con trajes modernos, pero la historia transcurre en tiempos bíblicos. Todavía no se había inventado, pero Caín porta un arma, un revolver, que se transforma en quijada de burro. La metamorfosis de los objetos, como por arte de magia, remite a la lógica de los sueños. Si hasta el lenguaje aparece confundido, contaminado. Terminología y lunfardo gauchesco, se confunden con las sagradas escrituras, tal como en un mash up imposible, que mezcla a Horacio Guarany, con música sacra y John Cage. Ya lo dije antes, Mauricio Kartun se presta a la lógica del DJ, que es la lógica del arte posmoderno, de la mixtura, del sampler, pero también, la lógica de los sueños y lo irracional, del surrealismo y la poesía, donde todo aparece confundido, mezclado, homologado, en un mismo discurso, de profundidad simbólica, impacto filosófico y alcance político.

No se entiende bien quién sueña qué, si es que se trata de un sueño, pero los elementos se conjugan y el discurso se contamina, con la misma lógica. La confluencia de lo moderno y lo posmoderno, con lo antiguo y lo extemporáneo. Lo sagrado y lo profano, homologado en un mismo discurso, de sintaxis incomprensible, pero familiar. Son elementos que transcurren a lo largo de la obra y la definen. Elementos y operatorias del surrealismo, del acontecer poético, de la música electrónica. Terrenal es como una música conocida, pero alterada, modificada, que se ha transformado en algo novedoso, extraño, diferente, que aún nos remite y nos recuerda a viejas fórmulas conocidas y muy conocidas, siempre sorprendentes. Terrenal es una obra magnífica.

 

Ficha técnico artística

Autoría: Mauricio Kartun
Actúan: Rafael Bruza, Claudio Da Passano, Claudio Martinez Bel
Vestuario: Gabriela A. Fernández
Escenografía: Gabriela A. Fernández
Iluminación: Leandra Rodríguez
Diseño sonoro: Eliana Liuni
Fotografía: Malena Figó
Asistencia de escenografía: Maria Laura Voskian
Asistencia de dirección: Alan Darling
Prensa: Daniel Franco,Paula Simkin
Dirección: Mauricio Kartun
Duración: 90 minutos
Clasificaciones: Teatro, Artes Escénicas, Adultos
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943
Teléfonos: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 320,00 – Domingo y Jueves – 20:00 hs – Hasta el 28/10/2018 y Del 22/11/2018 al 02/12/2018
Entrada: $ 250,00 – Jueves – 20:00 hs – Hasta el 28/10/2018 y Del 22/11/2018 al 02/12/2018
Entrada: $ 320,00 – Viernes y Sábado – 21:00 hs – Hasta el 28/10/2018 y Del 22/11/2018 al 02/12/2018
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Esta entrada fue publicada en 8 octubre, 2018 por en teatro y etiquetada con , .
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