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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Cabeza de globo

Por Luciano Alonso

Cabeza de globo es una obra claustrofóbica, incómoda, agobiante. El espacio en el que transcurre es pequeño, comprimido, el humo de fogueo no deja respirar adecuadamente. A su vez, los actores están como comprimidos en el escenario, sin posibilidad de escapar tras bastidores, constantemente expuestos. Los textos son incisivos, sobrecargados, incluso irritantes. Apenas comienza la función y uno siente que está atrapado allí, como en una jaula. Increíblemente, la obra se las ingenia para que todas estas condiciones no sean un defecto, sino una virtud. Algo que, sin experimentar la obra, parece difícil de creer, pero que, al experimentar la obra, se percibe con absoluta claridad y naturalidad. Cabeza de globo es una obra incómoda, que hace de esa incomodidad su mejor expresión y, ahora viene la mejor parte, no cae en golpes bajos, ni los necesita. Al contrario, es muy divertida, muy dinámica.

En realidad, la obra compone una amalgama extraña, que sabe dosificar con equilibrio lo lírico, lo etéreo, lo poético (utiliza fragmentos de poemas de Marisa Wagner, exquisita poeta que pasó gran parte de su vida encerrada en diversos manicomios), con lo concreto y específico. Es una obra experimental, sí, pero tiene y sostiene una ideología muy explícita. Una ideología que, por otra parte, resulta muy cercana. Tal como en el cine soviético, lo experimental, lo conceptual, lo abstracto, opera como una cortina de humo para comunicar y transmitir un mensaje muy claro, explícito y evidente. Ese mensaje es un mensaje urgente, sobre los efectos nocivos de la sociedad de consumo para el hombre contemporáneo. ¿Entonces es una obra propagandística, tendenciosa, política? En cierta medida sí, pero en cierta medida no y esa también es otra de sus virtudes. Digamos que sabe pivotear entre ambos extremos, con una gracia natural. Recupera ciertas preocupaciones culturales a la orden del día, sin proponer grandes innovaciones discursivas, pero realizando una exposición de gran validez y eficacia artística. A juzgar la cantidad de intentos fallidos en numerosas obras de teatro de ambiciones similares, diría que es todo un mérito.

Si tengo que ser franco, el único punto flaco de la obra es la disparidad actoral. Hay actores muy buenos y actores irregulares, lo que desbalancea la obra en conjunto. Empantanando, por momentos, el fluir de los textos, los diálogos. En cuanto a todo lo demás, es una obra de virtuosismo indiscutible. La utilización del espacio es apropiada y acorde con el concepto que la sostiene. La luz y la puesta en escena, la escenografía y los efectos conseguidos con recursos mínimos, precipitan sin esfuerzo momentos de auténtica intensidad. Como si fuera poco, tiene algunos momentos genuinamente humorísticos, que evidencian, sobre todo, una gran inteligencia. Cierto cinismo, también. Cinismo e inteligencia, una fórmula que raramente falla. Destaco especialmente la escena en la que una interna, que ha visto el mundo moderno y ha regresado, le comenta al resto de sus compañeros que, ahora, las personas tienen antenas en las manos (claramente, se refiere al uso de los teléfonos celulares). También, son particularmente destacables los chistes racistas sobre la pobreza y la marginalidad. Me olvidé de mencionar que la obra se permite ser políticamente incorrecta, porque la voz la tienen los locos y eso, siempre, implica un distanciamiento fértil a la confesión y la catarsis. Herramientas que también pueden ser muy útiles y terapéuticas.

En conclusión, diría que es una obra incómoda, como a veces el mejor arte puede serlo, que tiene sus fallas y sus aciertos, pero que depara una gran experiencia teatral, con todo lo que ello implica. Aporta algunas ideas y conceptos donde resuenan ecos de 1984 de George Orwell, de They Live, de John Carpenter, que continúan teniendo una validez y vigencia indiscutible, que nos invitan a reflexionar sobre las neurosis colectivas y las disfuncionalidades de una sociedad que cada vez se torna más criminal y alienante. Para ello, la obra no necesita ni golpes bajos, ni patetismos. Por el contrario, se vale de la ironía, de algunos chistes efectivos, de una visión humanitaria y humanista, para confeccionar lo que podría entenderse como un espejo de la realidad.

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Esta entrada fue publicada en 2 julio, 2018 por en teatro y etiquetada con .
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