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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Otro día rojo

Por Luciano Alonso

Otro día rojo es una obra performática donde resuenan, sin demasiada elaboración, algunos discursos en torno a la tecnología o, mejor aún, de las relaciones humanas en relación a la tecnología. Si el hincapié estuviese puesto en el argumento, podría ser una obra fantástica, de reminiscencias ciberpunk, pero como el hincapié está en la espectacularidad de la puesta en escena y en la destreza de los actores, el argumento queda totalmente desdibujado y cualquier discurso en esa dirección, pierde fuerza e impacto. Podría ser un defecto, pero, en realidad, sólo refuerza la impresión de que la fortaleza de la obra está en la experiencia teatral directa.

Desde esas coordenadas (es decir, desde las coordenadas de la experiencia teatral sin grandes ambiciones intelectuales), Otro día rojo tiene sus innegables aciertos. Es decir, la experiencia teatral es satisfactoria. La obra es entretenida, poseedora de algunos trucos, cuya efectividad es altamente comprobable. Lamentablemente, no hay mucho más. Digo lamentablemente porque, a juzgar en líneas generales, parece que es lo que se estila ahora. Un tipo de arte que no interpela, que no confunde, que no interroga. La tendencia, cada vez más, es la complacencia, la frivolidad, la ausencia discursiva, la tibieza. Otro día rojo, si bien es intachable, es intachable desde un lugar acomodaticio y simple.

Si acaso existiera algo así como un arte bueno y un arte malo, ningún crítico podría arrogarse la última palabra al respecto. En cualquier caso, hay un tipo de arte o de ambición artística que coincide o no, con intereses personales. En cualquier caso, Otro día rojo apunta en la dirección correcta, pero le falta elaboración. Signo de los tiempos: gran espectacularidad y sofisticación tecnológica, sin un trasfondo discursivo sólido. Todo espectador puede disfrutar de un enorme despliegue de talento indiscutible, pero difícilmente se lleve ninguna reflexión o idea a casa, porque todas las ideas están sugeridas, balbuceadas, presupuestas. Desde luego, nadie dijo que el arte tenga que ser de una manera u otra. Sólo digo que, a juzgar por la creciente tendencia hacia un arte complaciente e inocuo, todas las oportunidades de trascendencia que al fin se desaprovechan, generan la amarga sensación de una oportunidad perdida.

Otro día rojo se confecciona como una suerte de sucesión de sketches, de escenas sin demasiada ilación. Sobre todas planea una suerte de discurso sobre la virtualidad y las relaciones de amor y amistad, en relación con las redes sociales. También aparece, más o menos sugerido, una suerte de argumento que funciona más como nexo aglutinante, que como verdadera trama. Cada una de las sucesivas escenas, están realizadas con diferentes técnicas donde el juego de luces y sombras y las potencialidades de los recursos ópticos están explotados al máximo. En todas destaca el enorme talento de los actores, pese a que casi no hay desarrollo de personajes.

Hay escenas que quedan grabadas en la memoria, de manera inexorable. Escenas bellísimas, casi a pesar de la obra. Por ejemplo, aquella donde se recurre a las, así llamadas, sombras chinas, que finaliza con una suerte de ángel exterminador extendiendo sus alas o la escena en la que uno de los actores baila una danza peculiar, arrebatada, solo en el escenario, bajo una luz estroboscópica, como poseído. Escenas de tanto impacto y fuerza, tan bien logradas, que casi nos persuaden del resto de la obra.

Lamentablemente, no bastan escenas desmembradas para garantizar la efectividad del conjunto. Como si fuera poco, también hay al menos dos escenas francamente malas: la escena en la que los actores le piden al público que los filmen con sus celulares y la escena en la que le piden que voten si prefieren un final feliz o un final triste. Dos momentos que quieren ser astutos y que sólo consiguen romper el clima previamente logrado. Ese clima bello donde uno quiere quedarse, ese clima de ensoñación que tanto cuesta conseguir. En definitiva, romper el código de la cuarta pared sólo funciona con una buena excusa, de lo contrario es mejor ahorrarse el ingenio.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Joel Drut
Actúan: Juan Alvarez Ferrario, Gabriela Basin, Cary Bemba Lupe, Maru Boggio, Julia Ceriale, Maximiliano De Zan, Paloma Gonzalez, Max Nepeta, Tamara Septier, Martin Silva
Movimiento: Juan Alvarez Ferrario, Tamara Septier
Escenografía: Rosario Galano, Julia Pichi
Diseño de luces: Joel Drut
Diseño De Sonido: Juan Alvarez Ferrario, Joel Drut
Fotografía: Sol Schiller
Diseño gráfico: Gabriela Basin
Asesoramiento de vestuario: Cecilia Cotognini
Asistencia de dirección: Ana Pellegrini
Prensa: CorreyDile Prensa
Producción: Otrodíarojo
Colaboración autoral: Juan Alvarez Ferrario, Gabriela Basin, Cary Bemba Lupe, Maru Boggio, Julia Ceriale, Maximiliano De Zan, Paloma Gonzalez, Max Nepeta, Tamara Septier, Martin Silva
Coach Vocal: Mariela Centurión
Dirección: Joel Drut
Agradecimientos: Camila Berman, Ornella Krieger, Agus Salvia
Duración: 60 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos
GRANATE
Alvarez Thomas 1529/33 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 1555921932
Entrada: $ 200,00 – Viernes – 23:00 hs – Hasta el 31/08/2018

 

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Esta entrada fue publicada el 12 junio, 2018 por en teatro.
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