SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine,ocio-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

¿Querés ser feliz o tener poder?

Por Jesica Guarrina.

El universo teatral al que nos adentra Cecilia Propato Carriére -ideadora, dramaturga y directora del espectáculo-, no resulta ser aquel ámbito de la experiencia teatral más tradicional con el que cualquiera estaría familiarizado. En primer lugar, ¿Querés ser feliz o tener poder? no se constituye como un gran relato unificado de principio, medio y fin en el que las acciones de los personajes se desarrollan según un propósito, un objetivo premeditado, una lógica teleológica previamente organizada y planificada. Antes bien, se planta en la totalidad del espacio escénico a modo de pequeñas historias: veinte micromonólogos –ejecutados por actores de gran destreza técnica vocal y actoral- se encuentran divididos según las temáticas de la “felicidad” y del “poder” y dispuestos en hileras contra la pared. De un lado del recinto, vemos diez compartimentos – ¿al estilo de boxes separadores de un patio industrial o fabril, quizás? – con diez personajes dentro de cada uno de ellos. Misma distribución, en el otro extremo del recinto. Esta lógica binaria, simétrica y ordenadora parece albergar algún sentido: no solo el espectador deja de sentirse “librado al azar” –por el contrario, la experiencia resulta dirigida todo el tiempo- sino que también permite observar esa trama dual que esconde el binomio conceptual de poder-felicidad.

Así expuesto, parecería que cierta incertidumbre se apoderaría de nosotros al pensar la cuestión de la narración teatral. En pocas palabras, en un primer momento, podemos ser presos de interrogantes tales como: “¿de qué trata la obra?”, ¿quiénes son los personajes principales?”, ¿quiénes los secundarios?”, “¿cuál es el enredo?”, en suma, “¿qué se cuenta?”. No obstante, luego de la primera disipación de las incertezas, el espectador se aleja de su banquillo cuidadosamente seleccionado para apreciar la función y procede a interactuar: se adentra en los cubículos, invade el espacio de los personajes, se junta a ellos para escucharlos de cerca, oír sus inquietudes, sus relatos, sus miserias, sus aciertos. En ese juego de pequeñas historias –en las que destaca, sólo por mencionar una, Silvia Dietrich en su rol de “maquilladora de muertos”- se entrelazan las temáticas. No cuento con la debida seguridad para afirmar que la felicidad y el poder, en realidad, se confunden y se interpenetran en los monólogos. Para ello, debería haber experimentado adentrarme en cada uno de los veinte compartimentos, algo imposible dada la ambición del espectáculo; pues solo contamos con la posibilidad de disfrutar de tres historias por función. Sin embargo, algo sí parece cierto y exacto: las historias pueden intercambiarse, pueden rotar, pueden alojar algo de felicidad y algo de poder en su sintaxis y en su semántica. Al momento de la caminata por el espacio escénico –todo es espacio escénico, no existe tal división tradicional entre espacios- vamos eligiendo espontáneamente a quién oír.

En este sentido, el nivel de concentración de los actores es elevado: cuentan sus historias más de una vez durante la función, para distintos espectadores y, asimismo, interactúan todos juntos en el medio del salón, ante el sonido de un silbato que se acciona en determinados momentos. Así se constituye la trama: tal como una red de acciones y relatos ejecutados por distintos personajes extravagantes quienes encarnan “profesiones particulares” que, lejos de ser continua, se despliega de manera interrumpida pero sucesiva, una y otra vez, hasta acabar el tiempo de la función. Las categorías de lo contradictorio, lo azaroso y lo espontáneo se hacen presentes, por encima de la legalidad teatral del texto dramático. O al menos, ambas dinámicas –la del acontecimiento espontáneo y la de la premeditación textual- parecen cohesionarse en una totalidad unificadora. Claro, tal síntesis de lógicas se revela tanto en acto como post-facto, a partir del análisis del hecho teatral: eso es lo que termina por otorgar coherencia a la experiencia. Teniendo en cuenta que hablamos de veinte historias contadas por veinte personajes en forma simultánea en tiempo y espacio, la necesidad de hallar un sentido unificador resulta imperiosa para no sentirnos que hemos perdido la noción de ilusión. Por su parte, no debemos olvidar que experiencias como estas, en parte, dejan de modo premeditado, visible el dispositivo teatral: como espectadores, sabemos que nos encontramos en el teatro –de hecho, los monólogos son apasionadamente literarios en su forma- pero, al mismo tiempo, no acabamos por adentrarnos en él. Y tal juego de adentro-afuera, de espectador-actor, de objeto-sujeto define a la especificidad de esta puesta.

 

Espacio Aguirre

Aguirre 1270, CABA.

Sábados 21.30 hs

Entradas: $200 /Jub y Estud. $180

Email: queresserfelizotenerpoder@gmail.com. Blog: http://queresserfelizotenerpoder.blogspot.com.ar/

Facebook: https://www.facebook.com/poderdelafelicidad/app/212104595551052/

Twitter: https://twitter.com/teatrolateral

Canal de youtube: https://www.youtube.com/channel/UCOn7pyG79JBAx2ANCBCWnBg.

Instagram: @Felicidadopoder_obra

Ficha artístico-técnica:

Idea Original, dramaturgia y dirección: Cecilia Propato Carriére 

Actúan: Sector del Poder: Charlie Bulsara (probador de colchones) / Julián Felcman (abrazador profesional) / Julio Rolleri (paseador de patos) / Jazmín Calvo (buscadora de objetos pérdidos) / Javier Piazza (entrenador de empleado público) / Melina Fernández Guzman (probadora de olores) / Hugo Gottschalk (sepulturero de jóvenes) / Sasha Zelasco (reidor profesional) / Analía Farfaglia (familiar sustituto) / Fernando Cesar Martínez (felicitador profesional) / Bárbara Posesorski (reidora profesional) / Sector de la Felicidad: Bea Apás (dadora de hora nacional) / Inés Baum (sacadora de chicles) / Silvia Dietrich (maquilladora de muertos) / Camila Mac Lennan (probadora de comida de perro) / Pepe Jimenez (despertador humano) / Cecilia Branca (generadora de cizaña) / Javier Ahumada (empujador de trenes) / Sebastián Buzio (asustador profesional) / Sid Ditrix (muerto) / Víctor Della Corte (encendedor de cigarrillos profesional) / Silvana Palavecino (llorona) / Julián Mardirosian  (Personaje golpeador).

Asistencia General: Sandra Paul

Entrenamiento vocal: Ingrid Liberman

Vestuario: Emma Yorio

Música Original y Trama sonora: Agustín Konsol

Arte, diseño de imagen audiovisual & fotografía: Nubia Campos Vieira

Prensa & Difusión: Paula Simkin & Daniel Franco

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Esta entrada fue publicada el 7 marzo, 2018 por en teatro.
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