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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

El puente azul

Por Jesica Guarrina.

El puente azul se define como una “historia de amor y de distancia de dos parejas contada con música y canciones”. Para cumplir con tal propuesta, se articulan diferentes elementos teatrales, musicales y algunos provenientes del campo de la danza. Resulta evidente el enorme trabajo teatral, escenográfico e interpretativo por parte tanto de los actores, como de los músicos en escena, quienes acompañan perfectamente a la pareja Ocampo-Mazzei. El puente azul se erige de entrada como una linda puesta en escena que conjuga excelentes actuaciones, mezcla de dramatismo y comicidad en la justa medida y hermosa música. Pero la obra –en la dimensión de su significado- resulta ser aún más que un lindo musical: contempla no solo la temática de la relación amorosa en su generalidad sino también, la pesadumbre, la trabazón y la dificultad típicas que se les suscitó a millones de parejas italianas al enfrentar el desarraigo de sus tierras de origen con tal de sacrificarse y lograr “hacer la América”. En efecto, uno de los relatos –el de los italianos “Antonio” y “María”- consiste en la escenificación del desencuentro y con ello, de la desesperación absoluta sufridas por los protagonistas. “Antonio”, ahora es un joven inmigrante, solitario y perdido por las calles de la ciudad portuaria de Buenos Aires, esperando concertar un contacto de trabajo y con ello, lograr obtener cierta estabilidad y seguridad por las cuales ofrecerle a “María”, su prometida radicada todavía en Italia, la esperanza de un futuro próspero. En medio de este conflicto, mezcla de mito y realidad –en una palabra, algo que constituye una parte de la “historia” de nuestro país de comienzos de siglo XX- surge otro relato de amor, el de “Evangelina” y “Roni”; éste ahora situada en varias ciudades europeas y mucho más cercano en el tiempo. Dicha combinación de tradición y modernidad, de dilemas de antaño y dilemas contemporáneos; terminan por ofrecer una puesta de vaivén: la narración va y viene en el tiempo y espacio; los actores, versátiles ellos, componen este cuadro de dinamismo y espontaneidad. Logran conmover al espectador, que nos identifiquemos con tales historias –no olvidemos que se calculan aproximadamente dos millones de inmigrantes italianos a nuestro país en lo referente a la época de la “Gran Inmigración” de finales de siglo XIX y principios de siglo XX- que rememoremos viejos sueños, conflictos y utopías de antaño, probablemente historias propias o que conocemos por nuestros padres y abuelos. La escena fundamental, la que nos hace recabar acerca de la importancia que ha tenido la inmigración europea en la construcción de parte de nuestra cultura y nuestra historia nacional, probablemente haya sido la que hace alusión al “río”, a la “soledad”, a la dureza que resultó enfrentar el exilio y la formación de una nueva vida en tierra ajena. Dolores Ocampo se emociona fuertemente al entonar la canción que hace referencia a esta escena: vibra, se estremece, entona con pasión. Tal fue el punto álgido de la obra. Vale la pena.

Como área de oportunidad quizás se podrían acotar algunos de los parlamentos referentes al intercambio epistolar entre los personajes y rever algunas pequeñas escenas del comienzo en la que se juntan dos canciones diferentes, una entonada por Dolores y la otra, por parte de Mariano Mazzei. ¡Qué voces increíbles! Se apreciarían de manera nítida si no se entrecruzarían las letras de ambos en el mismo momento, además de que no se generaría cierta confusión en cuanto a la trama y la narración de la obra. Dejando a un lado estos detalles, El puente azul resalta por el modo de abordaje de la temática del amor, por la emocionalidad evocada, por la expresividad en las interpretaciones. La Sala Redonda del Centro Cultural 25 de Mayo termina por darle ese encanto acogedor que se precisaba: una especie de pasarela, de pasaje –de puente- une los dos extremos de la sala y conforma un tipo de plataforma, de escenario, un espacio escénico intimista del que los actores, bailarines y cantantes muestran su bellísimo talento. Detrás de ésta, se ubican los músicos, espectaculares por sí mismos: Albinarrete en piano y Reboredo en violín. Conmovedor y emocionante.

 

Centro Cultural 25 de Mayo, Sala Redonda. Av. Triunvirato 4444, CABA.
Viernes y sábados 21h. Hasta el 24 de febrero.
Re-estreno: 18 de marzo. Domingos 16h.

Ficha técnica:
Elenco: Dolores Ocampo, Mariano Mazzei
Autoría: Fernando Albinarrate
Dirección: Emiliano Dionisi
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Piano: Fernando Albinarrate
Vestuario: Marisol Castañeda
Diseño de Iluminación: Compañía Criolla
Asistente de Dirección: Juan José Barocelli
Idea original: Mariano Mazzei
Preparación vocal: Anahí Scharovsky
Letra y música: Fernando Albinarrate
Dirección musical: Fernando Albinarrate
Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra
Producción general: Compañía Criolla

 

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Esta entrada fue publicada el 24 febrero, 2018 por en teatro.
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