SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine,ocio-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

La novela del yo ha sido capturada por las redes

Luciano Alonso pregunta a Ignacio Bartolone

Hablemos un poco del humor en tus obras. ¿Es algo que buscás especialmente?

En principio, la idea de comedia en el teatro es una idea medio bastarda. Lo que se considera por comedia, tiende a apelar a cierta idea del sentido común del espectador y cierta empatía por lugares comunes propios del stand up. Yo todo eso lo detesto, me produce un rechazo muy grande. Lo que sí hay, como una estrategia decidida previamente, es cómo barajar ciertos materiales de hipertextualidad y ciertas ideas de cosas-que-se-van-encontrando-adentro, a la manera de un Caballo de Troya. Meter mucho contenido en muchas cosas, como un Caballo de Troya que parezca un chiste, en el buen sentido, cosa de que todo lo otro pueda viajar con fluidez, tratando de esquivarle el bulto a esa idea de solemnidad que el teatro tiene per se.

¿Podríamos decir que, en tus obras, más que una búsqueda, el humor es un acontecer?

Sí. No obstante, hay una estrategia formal para traficar diferentes intensidades textuales de una manera que puedan correr con una gracia determinada. En los materiales que trabajo, hay mucho contenido teórico. Lo que pasa, es que el contenido teórico puede ser una bajada de línea insoportable, si no está articulado de cierta manera. Los materiales que trabajo siempre están acompañados de ciertas lecturas que a veces tienen que ver y a veces no. Por ejemplo, cuando escribí La madre del desierto estaba leyendo Pantagruel y estaba muy metido en esa zona, de humorismo absurdo y carnavalesco. Mis lecturas siempre tienen una influencia muy directa en lo que escribo.

¿Una bibliografía que se ciñe a un plan previamente trazado, contaminada por otras lecturas voluntarias, pero aleatorias?

Más allá de la bibliografía, siempre hay elementos disruptivos, algunas lecturas que pueden generar un estadio u otro. Una cosa que tuerza el rumbo de lo que se está hablando, para que no sea un sistema cerrado y deudor de sí mismo. Por ejemplo, cuando escribí Piedra sentada, pata corrida, estaba leyendo mucho a Philip K. Dick y toda la mutación que presenta el autor en sus diferentes novelas, para mí era clave para pensar la idea de unos indios que se comen a unos blancos y se transforman en blancos, que no es un tópico presente en las novelas de Philip K. Dick, en realidad, pero la idea de un ser que se come a otro y se transforma podría ser un argumento de ciencia ficción.

A fin de cuentas, me da la sensación de que tus obras son como aparatos de hipervínculos constantes…

Sí, pero está la posibilidad de que esos materiales lleguen, más allá del conocimiento previo que tenga el espectador. Esa idea de poder dialogar con el espectador, más allá de que sepa o no sepa sobre, ponele por caso, santas cristianas. Tiene que ver con la metodología. Mucho tiempo de lectura, de libros subrayados, de escritura en pequeños papeles. Utilizo muchos post-it, esos papeles engomados, donde anoto frases que pego en el escritorio y trato de articular todo eso, para que dialogue, voy modificando las citas. A veces las rompo, las cambio de ángulo, a veces quedan textuales. No puedo negar que hay ciertas cuestiones de las que no sé nada, pero comienzo a saber, cuando escribo. Escribiendo me doy cuenta de mis propias opiniones y eso que soy una de las personas más dudosas y menos afirmativas que conozco. Los períodos de escritura no son fáciles. Por lo general, no la paso bien. Son meses de encierro, de situaciones donde las cuestiones sociales quedan relegadas.

De cualquier manera, lo paradójico que tiene el arte es que la realidad siempre se filtra, aunque uno no quiera.

Sí, totalmente. La realidad es como un vector que siempre rige.

A propósito de la idea del hipervínculo… ¿cómo te llevás con la tecnología y las redes sociales?

La tecnología tiene una incidencia en diferentes aspectos. Primero, la forma en la cual el autor puede prefigurarse socialmente más allá de su obra, es una cosa muy particular y muy propia de esta época. Más allá de ciertos personajes de la historia de la literatura que configuraban un personaje por encima de su obra (que muchas veces los ayudaba y muchas veces no). Yo trato de ser lo menos directo con las redes. Si bien estoy constantemente promocionando mis obras, es porque necesito que vaya gente. Mi vínculo con las redes sociales está ligado a gente que tiene poco que ver con el teatro. Me interesa poco leer a mis contemporáneos en el sentido de lo que exponen socialmente. Tengo una vida social en Internet, muy activa, pero poco ligada a problemas y sucesos relacionados con el teatro, no leo crítica de teatro, no me meto en debates. Me interesa poco. Internet es una herramienta prodigiosa, si la sabés usar, pero también es un arma de doble filo.

¿Pero vas a ver otras obras de teatro o te mantenés al margen?

¡Claro que voy! Sólo que la mayoría no me gusta. Por lo general, es muy raro que un material me interpele. Ya lo dije mil veces y recibí duras críticas por eso, pero es lo que me pasa. Mis fortalezas y debilidades con el teatro, están desligadas de las coordenadas en las cuales el teatro se mueve ahora, en términos narrativos, actorales. Si bien me siento heredero de ciertas escuelas, es como si fuera algo aparte. Entonces no puedo participar mucho. Las polémicas internas, donde siempre se pelean por migajas, son cosas que definen la materia y no digo que esté mal o bien, pero me siento ajeno. No me vinculo.

Para bien o para mal, la tecnología modificó la manera de escribir ficción, volcando el interés hacia lo particular, antes que lo universal. Pienso que, en cierta medida, el teatro sigue apelando a lo universal.

De acuerdo, pero más allá de las formas, no hay que desestimar la técnica del que está detrás. Eso es clave. Marcel Proust escribió sobre su desayuno y conmovió a millones de lectores. No obstante, creo que la novela del yo, ha sido capturada por las redes. Entonces, pienso, ¿qué le queda a la ficción? ¿Dónde se tiene que plantar la ficción? ¿Cómo pensamos la ficción hoy? La pesadilla que Philip K. Dick predijo, se cumplió. Entonces hay que ver cómo se posiciona todo. Es un tema que me obsesiona. La Big Data. La elaboración de ficción en base al propio consumo. Podría ser un argumento de Thomas Pynchon. Netflix produce ficciones en base al zapping del consumidor. Es una maquinaria nefasta, una idea perversa.

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Esta entrada fue publicada el 21 noviembre, 2017 por en teatro.
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