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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

El regreso

Por Jesica Guarrina.

La obra dramática Living Quarters (1977) del escritor irlandés Brian Friel gana versión nacional de la mano de Agustín Alezzo. Y merece ser vista. Rotulada como El regreso, historia de una traición, el espectáculo se erige como una apuesta fuerte en torno a la figura del Padre, el comandante “Frank Butler” recientemente ascendido en rango y trasladado a Dublin. Su porte militar, su personalidad aguerrida y su poderoso carácter raramente pasan desapercibidos dentro del entorno familiar: simplemente él nuclea y da sentido al resto de los integrantes de la familia. Sus hijas –“Helen”, “Myriam” y “Tina”- si bien cuentan con una vida armada, actividades, proyectos, hogares; parecen retrotraerse a la infancia cuando están cerca de él. La presencia paterna parece intimidarlas, reducirlas a simples chiquillas: se definen en tanto hermanas solo por la fuerza y efecto que ejerce el hecho de permanecer próximas de su padre. Claro, en realidad son mujeres hechas y derechas y cuando están solas, también comparten recuerdos y memorias de cuando su madre aún vivía. Descansan y toman sol en el jardín de la gran casa. Visualizan imágenes pasadas de momentos felices. También interactúan con “Ana”, la nueva y joven mujer de Frank, encerrada en su propia tragedia. No obstante, los diálogos, las anécdotas e historias –pretéritas, presentes y futuras- parecen aludir y sostenerse como tales solo en cuanto a su padre se refiere. A modo de pequeños, contundentes y sucesivos flashbacks, las escenas van esclareciendo los misterios y secretos que esconde la trama narrativa. Existe algo oculto –algo “que puede embalsamarse deliberadamente” en palabras de “Sean”, el único hermano varón- que irá apareciendo poco a poco con el transcurso de la obra. Para semejante tarea, el personaje del “Señor” – especie de figura de director teatral que guía toda esta combinación de diálogos y silencios- los conducirá por ciertos momentos claves de la gran historia de la traición.

Más que una traición, sin embargo, El regreso permite entrever aspectos ligados a la cuestión por la complejidad de las relaciones interpersonales en general, y por la trama de relaciones familiares en particular. Sistema de intercambios particulares y particularizados –pues cada familia aparece y se define ante sí misma como “única” e “insólita”-, éste se conforma como una red de relaciones poco simples entre sujetos. Traspasando los lazos de consanguineidad, asistimos a un entramado de relaciones sustentado en afectos dispares y contradictorios, ideas varias y creencias no fundadas en la esfera de lo racional. En pocas palabras, se trata de la ambivalencia propia que define los vínculos humanos. Se ama y se odia en simultaneidad. La familia Butler logra cautivar al espectador, no por los dramas de la cotidianeidad, sino por todo aquel conjunto de representaciones que se vislumbra por detrás de la acción dramática per se. La riqueza narrativa –anclada en esas idas y vueltas al pasado, en esos trazos tragicómicos, en esas escenas que evocan la tragedia y la felicidad a la vez- se manifiesta de manera completa solo cuando conseguimos descifrar esos vericuetos que guían las acciones de los personajes, los motivos que los han impulsado. Tal como si fuera una cartografía de disparadores emocionales, el público va reconstruyendo la totalidad de la historia.

Sin víctimas ni victimarios, sin protagonistas ni antagonistas, sin héroes ni villanos; El regreso resulta ser una puesta perfectamente construida en equilibrio y armonía. Los personajes se complementan de maravilla, resultan muy claros en sus intervenciones. No obstante, algunas actuaciones podrían ganar en madurez interpretativa y terminar por consagrar el espectáculo. Admirable y conmovedora la labor de Kaspar y Zanotta, quienes han logrado maravillarme y trasladarme al clima dramático central de la historia de Friel. El personaje de Sean también resulta interesante: el trabajo de Tombetti le otorga dinamismo a la representación. Va y viene a lo largo de la obra, se traslada de aquí para allá, se desplaza por todo el escenario conectando fragmentos diversos de espacios y tiempos distantes: la casa de la familia Butler, la casa rodante. Evoca al pasado y lo lleva al presente, aunándolos en una unidad coherente. Es él quien termina de solventar el núcleo narrativo, dramático y trágico. Es el personaje de Sean, el único hijo varón, el que resuelve el binomio entre “Padre”, como figura central de la dominación, e “Hijo”, como figura periférica quien intenta una búsqueda personal por la definición de una identidad propia. Es dicha relación la que sustenta el conflicto y la única capaz de develar el misterio.

 

Centro Cultural 25 de Mayo.

Av Triunvirato 4444, CABA.
Funciones de jueves a domingos, 20:30 h.
Reservas: boletería del teatro (todos los días de 11 a 21 hs.) o reservando vía internet en la página del complejo www.cc25.org
Entradas: platea $250, pullman $200 | jueves día popular: 25% desc.
Duración: 120 min., con intervalo de 10 min.

Ficha artístico-técnica:
Actúan: Carlos Kaspar (El Señor), Bernardo Forteza (Padre Tom), Stefania Koessl (Anna), Claudio Amato (Charlie), Sol Fassi (Tina), Lorena Saizar (Helen), Magela Zanotta (Myriam), Alejandro Fain (Frank), Federico Tombetti (Sean).

Texto: Brian Friel.

Dirección: Agustín Alezzo
Asistente de Dirección: Edgardo Millán
Escenografía: Marta Albertinazzi 
Adaptación Escenográfica: Jorge Ferrari

Realización escenográfica: Juan Edgardo Reynoso.
Asistente de Escenografía: Luciana Uzal 
Diseño de Vestuario: Analía Morales

Vestidor: Osvaldo Gilio.

Diseño de maquillaje y peinado: Sabrina San Gil.
Iluminación: Félix Chango Monti
Asistente de Iluminación: Magdalena Berretta Miguez
Música: Grupo The Oxers + The Border Reivers

Arte y Diseño Gráfico: Pablo Bologna.

Fotografía: Ignacio Lunadei.
Traducción de Texto: Marina Durañona

Adaptación de texto: Agustín Alezzo.
Producción Ejecutiva: Ezequiel Procopio
Producción Artística: Sebas Rojas

 

 

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Esta entrada fue publicada el 13 noviembre, 2017 por en teatro.
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