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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

El Paraíso perdido

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Por Luciano Alonso*

En un interesante juego de duplicaciones, El paraíso perdido, la obra de teatro de César Brie, dialoga con el poema de John Milton, que lleva el mismo nombre. No obstante, no se trata de una adaptación. Apenas una coincidencia. Aunque también dicen que las coincidencias no existen. El poema de John Milton versa sobre el bien y el mal, sobre Dios, sobre el diablo, sobre el pecado, sobre la culpa, sobre el paraíso y el infierno. La obra de teatro de César Brie, por momentos, también. Sólo que de una manera distinta, menos épica, menos grandiosa, más real, más próxima, más humana.

En esta obra, César Brie se vuelve una suerte de John Milton de barrio. Un John  Milton sudamericano, tercermundista. La batalla entre el cielo y el infierno aún contrapone lo bueno sobre lo malo, pero su alcance es limitado, es corpóreo. No son discursos épicos sostenidos en abstracto. Antes bien, son discursos sostenidos por personas reales, que habitan un espacio reconocible: el escenario y el escenario, a su vez, forma parte del mundo real, nuestro propio mundo.

Los actores que vemos se vuelven reconocibles, familiares. Son ellos los que se debaten sobre el bien y el mal, los que se debaten los grandes temas universales, como la vida, la muerte, el amor, el desamor, pero ese discurso es sostenido con sencillez, con familiaridad, con una proximidad incluso agobiante. Las cosas que les pasan a ellos, nos pasaron a nosotros. Hay una cercanía que al fin resulta intimidante.

Micaela, Sofía… tienen siete, ocho años. Narran algunos recuerdos, algunas escenas, como fotografías de la vida cotidiana. Tienen un globo inflado en la mano. Luego de evocar ese recuerdo, algún recuerdo, sueltan el globo, que se desinfla sin remedio. Una suerte de metáfora sobre el tiempo transcurrido, sobre la memoria, sobre la vida que se escapa irremediablemente, sobre la juventud perdida. Así, con cada uno de los personajes que vemos en escena. Son once en total (quizás demasiados).

Luego, una suerte de representación o de tentativa por representar las diferentes etapas de la vida. Las cosas importantes, pero también aquellas que no son tan importantes, pero que por alguna razón se perpetúan en la memoria. Desde los amigos, hasta el primer beso. Desde las Bombuchas, hasta las Tortugas Ninjas; Mi “ex”, Las macanas que me mandé, La dirección de la casa materna, Mis primeras mascotas, Los cambios de personalidad, Etc.

Los actores se desnudan en un sentido metafórico (también se sacan la ropa, pero conservan los calzones, por el bien del decoro). Las cosas importantes, las que no. Los traumas, las alegrías, el orgasmo y el ardor del sexo, todo sucede frente a nuestros ojos, sin solución de continuidad, como en una película demencial y caprichosa. El muchacho que le confiesa a sus padres que siente que es mujer. La muerte de la abuela. La chica que explica el significado de sus tatuajes. “Este corazón representa a tal persona y este otro, a tal otra”. Familiares que están y que se fueron. Suicidios, muertes. La tragedia de Cromañón. Abusos sexuales, descubrir que nuestro padre tiene una amante, etc.

En algún momento, todo ese fluir, ese ir y venir, esa retahíla de alegrías, lamentos, risas y lágrimas, se vuelve caótica y la inteligente resolución de la obra es abandonar los discursos miméticos: que sea el cuerpo mismo el que tome la palabra. Entonces la obra da un giro interesante y el baile y la danza toman el relevo. Entonces es cuando la obra se vuelve innegablemente atractiva. Insistir con la mímesis realista hubiese devenido en una obra lacrimógena, pero no es eso lo que pasa. Antes bien, incorpora un lenguaje metafórico, que desarma la mímesis realista, con excelentes resultados.

En conclusión, es una obra interesante, que propone un abordaje distinto sobre temas universales, que de tan visitados olvidamos que son constantes e imperecederos. Consigue conmover, consigue hacernos reír, llorar, ilusionarnos. Nos involucra. Durante el espectáculo y después de él, los recuerdos de nuestra propia vida y nuestro propio pasado comenzarán a surgir espontáneamente y todo ese batiburrillo que es la vida misma, al final comenzará a acomodarse con un criterio que parece tener sentido, aunque no sepamos cuál. Luego de asistir a la obra, cada uno deberá responderse a sí mismo esa incógnita como mejor pueda.

 

 

Ficha técnico artística

 

Intérpretes: Micaela Sol Carzino, Sofía Diambra, Sebastian Gui, Iván Hochman, Gabriela Soledad Ledo González, Florencia Michalewicz, Guido Napolitano, Ignacio Orrego, Abril Piterbarg, Liza Taylor, Manuel Tuchweber

Prensa: Simkin & Franco

Producción: Bienal Arte Joven Buenos Aires, Banfield Teatro Ensamble, César Brie

Director asistente: Ignacio Gómez Bustamante, Nelson Valente

Dirección: César Brie

 

SANTOS 4040

 

Santos Dumont 4040 (mapa)

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Web: https://www.facebook.com/santos4040

Entrada: $ 200,00 – Domingo – 17:00 hs

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Esta entrada fue publicada en 28 abril, 2017 por en teatro y etiquetada con , .
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