SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Los derechos de la salud

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Por Luciano Alonso*

A la hora de analizar una obra desde un abordaje crítico, las inciertas etiquetas de bueno y malo ceden ante las más oportunas discusiones sobre forma y contenido. Pensar la forma y contenido de una obra suele ser mucho más interesante que simplemente comunicar una impresión personal, a favor o en contra.

Dicho lo cual, es cierto que lo primero que destaca de Los derechos de la salud es la innovación técnica que propone. Lo primero que destaca es su forma. No su contenido. La explicación es simple: es una obra de teatro sin butacas, que transcurre en tres habitaciones distintas. Los actores (y los personajes) se trasladan de una habitación a otra, mientras representan sus diálogos, sus papeles. Los espectadores los acompañan, los siguen, intentando pasar desapercibidos, acomodándose lo mejor que pueden. Sentados o de pie, procurando no alterar demasiado el decorado, el escenario.

La estructura, antes que a una obra de teatro, nos hace pensar que estamos en el plató del rodaje de una película, como si fuésemos asistentes de cámara o simples curiosos, que tuvieron acceso al detrás de escena. Este recurso, esta proposición, no puede hacer otra cosa que llamarnos la atención de manera inmediata. Sin embargo, una vez que uno se acostumbra a la idea, deja de tener importancia. Lo que, bien pensado, es su mejor acierto.

Podría suceder que el peso técnico de la obra incline la balanza por completo. Podría suceder que, finalmente, lo único destacable sea su innovación en la forma. Es algo que sucede a menudo, con casi cualquier obra de vanguardia o que se sabe o que se quiere rupturista. La innovación técnica como medio y como fin, fatal expresión de inconsecuencia.

Los derechos de la salud responde a otro modelo: su innovación técnica, su propuesta inusual, al fin se vuelve algo meramente anecdótico y ahí es donde la obra gana verdaderamente fuerza e impacto. Uno no sale de ver la obra pensando en lo raro que fue que no haya butacas, si no que sale pensando en la tragedia familiar a la que asistió. En cierta medida, es como si uno acabara de presenciar una situación familiar trágica, en vivo y en directo. Uno sale de ver la obra sintiéndose un auténtico voyeur. La experiencia es intensa. Desde luego, esta sensación de realismo no funcionaría jamás si no fuera por la destacable actuación de todos los involucrados o por el cuidado especial que se mantiene hasta en el más mínimo detalle, tanto en vestuario como en escenografía.

Luisa es la mujer de la casa, la madre de familia. Está enferma. Todos en la casa lo saben o lo sospechan, pero no quieren asumirlo del todo y tampoco quieren que Luisa se abandone a la derrota. Le ocultan la información. Es mejor conservar las esperanzas. Sin embargo, la expectativa de mejorar comienza a volverse cada vez más improbable. Ella tiene tuberculosis, en una época en que la medicina apenas comenzaba a realizar avances y la tasa de mortalidad causada por la enfermedad era altísima.

Roberto, el esposo de Luisa, es escritor. Conversa con el médico de la familia a propósito de Luisa. Casualmente, Roberto es autor de un ensayo sobre los problemas éticos y psicológicos intrafamiliares en pacientes enfermos de gravedad. La duplicación de su ensayo en la vida real, parece una ironía del destino.

Renata, la hermana de Luisa, vive en la misma casa. Ayuda tanto con los quehaceres domésticos, como a mantener en orden los manuscritos de Roberto. Poco a poco vamos descubriendo que su rol de secretaria no se agota allí y que la manera en que la se involucra esconde otras verdades, más complejas, más incómodas. El deterioro moral de Luisa, es el deterioro moral de Roberto y de toda la familia. Los celos, las envidias, la enfermedad que ya no es la del cuerpo únicamente, sino la del espíritu, la del alma. La progresiva decadencia moral, ética, de Luisa y, por extensión, de la familia, empeora cada vez más, hasta precipitar la tragedia.

Ya sea por la inmersión particular del espectador en el espacio, capaz de conseguir una infrecuente perspectiva de 360º, ya sea por el logrado realismo de la puesta en escena (con la inclusión de una deliciosa violinista que aporta una música diegética) o, incluso, por el hecho de que los actores no abandonan a sus personajes ni por un segundo, hasta que termina la función, la sensación de familiaridad, de inmersión, de cercanía, es una sensación real y completa.

 

Ficha técnico artística

Autoría: Florencio Sánchez

Versión: Alfredo Martín

Actúan: Marcelo Bucossi, Mercedes Fraile, Daniel Goglino, Rosana López, Elida Schinocca, Lorena Szekely

Músicos: Cristina Bizjak

Vestuario: Mercedes Piñero

Escenografía: Marcelo Jaureguiberry

Iluminación: Fernando Díaz, Marcelo Jaureguiberry

Diseño gráfico: Gustavo Reverdito

Asistencia de dirección: Gabriel Gómez

Prensa: Silvina Pizarro

Dirección: Alfredo Martín

LA REVUELTA TEATRO

Boedo 1014 (mapa)

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Reservas: 20762964

Web: http://www.larevueltateatro.com.ar

Entrada: $ 200,00 / $ 160,00 – Domingo – 19:00 hs – Hasta el 28/05/2017

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Esta entrada fue publicada en 18 abril, 2017 por en teatro y etiquetada con .
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