SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Noemas

Por Jesica Guarrina.

De la mano de buena música, de interpretaciones contundentes y de una puesta sugerente y original que evoca las bambalinas de una gigantesca carpa de circo, albergue y hogar de tres personajes en escena, disfrutamos la historia de Julio (Sarramone), un errante que ha vivido enamorado en París y que recientemente ha retornado a Buenos Aires, cargando en su pecho y en su mente la nostalgia por la ciudad de la luz, paraíso evocado constantemente a lo largo de la obra y descripto como fuente de esplendor y placer. A su lado, sobresale Pancho (Ledrag), viejo amigo quien trabaja como acomodador de circo y que intenta reanimarlo de varias maneras, sin saber que él también está adentrandose lentamente en los mares de la melancolía. Al lado de él, aparece Edith (Romans), su tierna esposa, ama de casa, colaboradora en el circo y mujer seductora, de repente aburrida ante el pasar de la cotidianeidad que sobreviene repentinamente. Poco a poco, los personajes van mostrando sus conflictos interiores, y sin ser del todo conscientes de semejantes mecanismos ocultos, van moviéndose dentro de un juego especular, en el que unos acaban proyectando sus sueños y utopías en los otros. Edith pasa a ser una metáfora de la uruguaya abandonada, mujer amante del pasado parisino de Julio. Pancho termina interpretando a la fachada circense como un producto de entretenimiento más, orientado al olvido de la decadencia social. Julio no deja de enredarse cada vez más en su agonía figurada de un pretérito mejor. Sin abandonar el humor, la trama parece complejizarse a medida que los personajes reflexionan acerca tanto de sus proezas como de sus dificultades personales, de sus rutinas y de sus sentimientos profundos. En realidad, la historia es un simple y bello relato de amor.

Una de las discusiones entre Julio y Pancho remite al amor como concepto moralista. Tópico actual, aún sobreviven las diferencias en torno al sentimiento del amor. Tomando algunas referencias del sociólogo y psicoanalista Erich Fromm [1], el amor, lejos de constituirse como un poder superior que desciende místicamente de las alturas, o como una pasión irracional que se apodera del ser humano; para él, constituye una actitud, una experiencia, una orientación de carácter que se desarrolla en uno mismo a través del vínculo social y que determina la relacionabilidad del ser humano, no solo con objetos de amor determinados sino también con el mundo en general. Resuelve la paradoja de la existencia humana concerniente a la búsqueda simultánea de proximidad e independencia, de integración con el otro al tiempo de mantenimiento de la especificidad de uno mismo.

Noemas versa acerca de este dilema. Quizás no lo resuelva –o sí-. No obstante, por el simpe hecho de enunciarlo, aunque más no sea de soslayo- ya abreva para su concientización. El amor y la nostalgia parecen unirse y confundirse en otros pasajes dramáticos: Pancho acusa a Julio de fabricar sus ilusiones a partir de la nostalgia. Cargada de vericuetos y de hondos pensamientos, Noemas parece erigirse no solo como un bello espectáculo bien proyectado y elaborado; también como un espacio potencial de reflexión.

Inspirada en Rayuela del admirado escritor Julio Cortázar, obra clásica de la vanguardia latinoamericana si las hay, así se presenta este drama cómico de la ya renombrada dupla porteña de jóvenes directoras y dramaturgas Villamil-Miraglia. Resulta enorme la expectativa ante semejante desafío y muy grata la sorpresa al encontrar una buena resolución del problema planteado. Se ha adaptado una obra literaria vanguardista al mundo del teatro independiente, sin exagerar, y sin dejar de relucir brillo propio. Dos aspectos han confluido en la magia de esta obra: obrando conjuntamente encontramos un bellísimo texto dramático posibilitador de la labor actoral –la poesía que denota su letra ha permitido interpretaciones por demás cargadas de emoción. Los actores –espectaculares los tres- no vacilan en brindarnos una experiencia teatral que poco abunda en los tiempos que corren, esas de las que el espectador no solamente logra pertenecer a la escena, formar parte de ella –aunque no actúe- sino también, sentirse dentro de ésta.

[1] FROMM, Erich [2000]; La atracción de la vida. Aforismos y opiniones; Paidós, Buenos Aires; 2003.

 

Autoría: Natalia Villamil

Actúan: Carlos Ledrag, Ana Romans, Maxi Sarramone

Vestuario: Pía Druguieri, Gabriela Kohatus

Escenografía: Pía Druguieri

Iluminación: Pía Druguieri, Gabriela Kohatus

Música original: Juan Manuel Sisto

Asistencia de escenografía: Gabriela Kohatus

Producción: Laura Piersanti

Dirección: Cintia Miraglia, Natalia Villamil

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Esta entrada fue publicada el 7 marzo, 2017 por en teatro.
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