SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

En boca cerrada

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Por Jesica Guarrina.

En un artículo de 1937, Erich Fromm escribe acerca del sentimiento de impotencia como fenómeno psicosocial del que padece el hombre actual, sin ser consciente de ello, pero que define su neurosis. Dicha neurosis se traduciría en la incapacidad para ejercer determinadas funciones o para conseguir determinados objetivos por voluntad propia, de cambiar rasgos de la propia personalidad o del mundo exterior, unida a la profunda convicción de sentirse débil e impotente. A su vez, este sentimiento de inferioridad se arraigaría en la ilusión de “no ser lo suficientemente inteligente, guapo o bueno para atraer a los demás y encontrar amor y simpatía” [Fromm, 2008: 127-31][1]. Podemos tomar este concepto como uno de los tantos y posibles hilos conductores del espectáculo En boca cerrada, una pieza en la cual aquello que narra, aquello que liga la historia no es otro elemento que los silencios de los personajes en escena. Claro que los diálogos resultan sugerentes y acertados y entreveran una dramaturgia refinada y concisa. No obstante, lo “no dicho” emerge abruptamente como lo reprimido, irrumpe en el escenario con el correr de las escenas a modo de mecanismo psicoanalítico: lo oculto, lo negado –el secreto de la obra- aparece inesperadamente desde el fondo del inconsciente hacia la conciencia, se lo evoca desde un pasado escénico para que irrumpa la armonía del presente. Tal parece que “todo andaba bien” hasta que el Padre (Romano) muere y Victor (Pafundi), el hijo, retorna al pueblo para asistir al funeral y al entierro, para conversar con su hermana Beatriz (Di Carlo) y para apoyar emocionalmente a su madre Paula (Terranova) y a su tía Celia (Dramisino), probablemente una segunda madre con la que siempre han compartido techo.

A modo de idas y venidas, los hechos se van reconstruyendo desde la perspectiva de Victor: quizás las interpretaciones de los eventos traumáticos de su infancia no sean totalmente claros y transparentes, aún así no dejan de tener una significación precisa que lo conformará como persona a lo largo del desarrollo de su personalidad adolescente y adulta. La convivencia familiar es tal, ante un padre autoritario y castrador, una hermana rebelde y una madre abnegada solo por la educación y el bienestar de sus hijos que Victor, decide un buen día, partir hacia Buenos Aires con el objetivo de iniciar sus estudios musicales. Once años después, en el año 1966, Victor retorna dadas las circunstancias de muerte de su padre. La obra se desenvuelve al son de las escenas pasadas y presentes, a modo de concatenación de datos, de factores susceptibles de vincularse no caprichosamente para conformar una historia de una subjetividad. El diseño de luces acompaña este vaivén delimitando las escenas pretéritas en tonos anaranjados, y las escenas actuales, en tonos lúgubres y oscuros. El problema de la muerte del padre, se hace presente y se impone como pretexto de discusión para la emergencia de otros asuntos familiares a resolver. Tal como si fuera un drama cómico, los temas irán apareciendo, la trama nos irá llevando al enredo y poco a poco se irán develando los mecanismos de defensa que cada personaje ha practicado para su supervivencia psicológica. Esto que Fromm, retomando el artículo mencionado, llamó de racionalizaciones del sentimiento de impotencia como medio para escapar del martirio [Ibidem: 135]. Victor, Fernando (Muñoa), amigo de la infancia de Victor, y Beatriz, en algún punto, optan por el autoconvencimiento de haber pasado por experiencias vitales muy dolorosas durante la infancia que los ha obligado a tomar determinadas decisiones como la de casarse tempranamente, embarazarse, irse del pueblo. Paula, la madre, parece haber tomado el camino del control en su afán de dirigir todas las situaciones: así, ella hace y deshace los nudos de los relatos familiares, entreteje informaciones sin hablar directamente ni confrontar las verdades. Celia, la tía, hermana de Paula, parece transformar su racionalización en una especie de “fe en el tiempo” o en los milagros, en la creencia de que sin arriesgarse demasiado, algo bueno ocurrirá tarde o temprano. De este modo, vemos narrado de diversas formas, tomando los puntos de vista de cada uno de los personajes, uno de los conflictos del hombre moderno actual: la falta de verdadera libertad psicológica, ante el miedo que nace directamente del sentimiento de impotencia e indefensión.

Resulta claro que esta obra, por su versatilidad inherente a la decisión de ser contada en forma de pequeñas escenas que van y vuelven en el tiempo, a su vez que por la gran diversidad en la construcción de los personajes; nos permite anclar algunos de los cuestionamientos que persisten acerca de la libertad. Ésta, sería para Fromm y para muchos, la condición básica adquirida de toda persona de emancipación interior, teniendo en cuenta que nuestra estructura psicológica se encuentra condicionada, nada más ni nada menos, que por fuerzas inconscientes del entorno social, la educación familiar y los acontecimientos vividos. [Ibidem: 47-52] El desafío por la revelación por esa verdadera naturaleza del hombre quedaría planteada –consciente o inconscientemente, a mi entender- en el marco de esta pieza teatral.

Las actuaciones de Terranova y Dramisino son magistrales, devuelven el carácter cómico a toda escéna trágica, nadan entre lo dramático y lo ridículo, haciéndonos emocionar profundamente e identificarnos con varias de las representaciones sociales que deambulan en nuestra sociedad. No se trata de la vieja época de los años 50, cuando la radionovela entretenía a las amas de casa y esperaban a sus maridos que volvieran del trabajo. Tampoco imagino que se trate de una crítica avasalladora acerca de los valores de aquel tiempo, pero sí una valiosa reflexión acerca de la división sexual del trabajo y como ella continúa, aún, produciendo mandatos y estereotipos sociales.

[1] FROMM, Erich; La vida Auténtica; Paidós, Buenos Aires; 2008

 

Teatro del Pueblo, Av. Roque Saénz Peña 943. Entrada $180.- (Estudiantes y Jubilados $130) // Funciones Lunes a las 20 hs.

Ficha Técnica:

Autor: Juan Carlos Badillo

Intérpretes: Rita Terranova, Ulises Pafundi, Cristina Dramisino, Roberto Romano, Hernán Muñoa y Lucía Di Carlo.

Diseño de Escenografía: Víctor de Pilla

Diseño de Iluminación: David Seldes

Asistente de Iluminación: Facundo David

Operador de Sonido y Maquinista de Compañía: Adrián Gaensslen

Operador de Luces: Gastón Calvi

Diseño de Vestuario: Alicia Gumá

Asistencia de Dirección y Producción Ejecutiva: Juan Gabriel Yacar

Redes Sociales: Juan Gabriel Yacar y Nacho Legeren

Entrenamiento de Esgrima para actores: Adrián Gaensslen

Voces en off: Miguel Ángel Solá, Paula Cancio y Manuel González Gil

Música Original y Musicalización: Pedro Pertusi

Fotografía: Russarabian

Fotógrafa en sala: Vanesa Schappi

Diseño Gráfico: Karina Hernández

Dirección: Jorge Azurmendi

Agradecimientos: Teatro N. Cervantes (Nelson, Javier Beresiarte y Lisandro Trevi), Fernando Fedeli de Sgae Argentina y Sgae España.

 

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Esta entrada fue publicada el 22 octubre, 2016 por en teatro.
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