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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Los que vuelven: Regreso a casa – Once hijos

LOS QUE VUELVEN: REGRESO A CASA / ONCE HIJOS

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Por Luciano Alonso*

Franz Kafka es uno de los mejores escritores del Siglo XX. Quien diga lo contrario, no lo leyó. O lo leyó poco. O lo leyó mal. Luego, habría que discutir el valor intrínseco de una obra contra el valor que adquiere en su uso social. Para el caso, es lo mismo. Franz Kafka se ha vuelto paradigma de un autor de fama mundial que, además, posee un valor incuestionable. Insisto, quien niega la relevancia de Franz Kafka, no lo leyó o no lo entendió. Negar a Franz Kafka es como negar a los Beatles, como negar a Pink Floyd. Vocación de Eróstrato, fatal inconsecuencia.

Desde luego, esto no quiere decir que después de Franz Kafka no haya nada o que la literatura después de Franz Kafka sea imposible. Esto quiere decir, sencillamente, que la obra de Franz Kafka, diluida en su propia universalidad, es permeable a múltiples interpretaciones, tergiversaciones e influencias. La fama mundial de Franz Kafka es innegable. Su sentido y significado, múltiple. Diría que hay tantas maneras de interpretar al autor, como lectores de su obra.

Luego, nadie puede postular la mejor manera de interpretarlo. Es necesario aceptar de antemano la multiplicidad, incluso las contradicciones. Josef Cermák desmiente a Gustav Janouch. Gustav Janouch a Max Brod. Max Brod a Franz Kafka y Franz Kafka a sí mismo. Cabe preguntarse cuántos y cuáles son los elementos presentes en la obra de Franz Kafka que habilitan esta maleabilidad, esta permeabilidad a la discusión popular ya que, en rigor, su obra es más bien críptica, oscura y anti-comercial. En lo personal, pienso que su carácter alegórico es lo que convierte a su obra en universal. La obra de Franz Kafka no es una obra cerrada, concluyente. Es, por el contrario, una obra abierta, cuyas discusiones e interpretaciones permanecen actuales, vigentes.

La trayectoria de una idea, su vida útil, suele atravesar diferentes etapas. Al apogeo le sigue la decadencia, luego su parodia, luego su extinción. La fagocitación de la cultura mainstream sobre los procesos culturales, aceleran esta dinámica, espejando su espectacularización. Pienso que la resistencia de la obra de Franz Kafka frente a la banalización tiene su origen en cierta espectacularidad y vocación kitsch que le son innatas. La obra de Franz Kafka, en cierta medida, es naturalmente bizarra y, por eso mismo, funciona en su dimensión alegórica en cualquier dirección. Desde luego, con acierto irregular y, naturalmente, discutible.

Pensar cómo funciona la obra de Franz Kafka frente a diferentes disciplinas es un ejercicio siempre atractivo e interesante. Tanto si uno es lector de Franz Kafka, como si no.

Los que vuelven es el nombre del espectáculo que agrupa dos obras basadas en dos cuentos de Franz Kafka. Regreso a casa y Once hijos, respectivamente. La primera es una obra de corta duración, más que una obra, diría una performance. Una grabación repite, en continuado, el texto original que escribió Franz Kafka. Texto breve. En el escenario, un actor escenifica lo imposible. No le vemos el rostro, lo vemos de espaldas, vestido con un impermeable, un sobretodo. Hay un maletín en el suelo, con una luz tenue que surge desde dentro y, al fondo, una suerte de fogata que, quizás, representa el calor del hogar. Un reflector ilumina al único actor, cuyos movimientos acaban semejando una danza. Cuando termina el texto, vuelve a empezar. Los espectadores van rotando, la obra se repite, en continuado, sin pausa, sin interrupciones para aplausos, como si fuese una película. La obra es ambigua, como el texto. Acaso habla de la nostalgia como de un destino fatal y de su inevitable repetición cíclica.

La operatoria, en cierta medida, se repite en Once hijos, sólo que ya no es una grabación la que dicta el texto de Franz Kafka, sino que el texto lo comunica el actor principal, el padre. No obstante, la operatoria es similar, porque en ambos casos tenemos el texto original de Franz Kafka, sin variaciones. Leído a través de una voz en off en un caso e interpretado por el actor, en el otro. Lo curioso, en ambos casos, es que los textos elegidos son muy cortos, de apenas un par de páginas. Regreso a casa es, consecuentemente, una obra breve. Sin embargo, Once hijos dura sus buenos 40 minutos. De buenas a primeras, uno no se imagina cómo se las ingeniarán para ocupar todo ese tiempo ateniéndose a pie juntillas al texto original, cuando el texto original es tan corto, pero lo hacen y la obra no naufraga, no se vuelve densa ni aburrida en ningún momento. Hay que asistir para confirmarlo.

Parte del encanto de la puesta en escena, tiene que ver con la inclusión de elementos que, si uno lo piensa en frío, podrían resultar incluso disruptivos, contradictorios. Si bien la obra de Franz Kafka esconde un humor negro, indiscutible, se la asocia con una visión pesimista y oscura del mundo. La idea de lo espectacular, de las luces y el brillo, de la danza, no aparecen asociadas a la obra de Franz Kafka y esa combinación es la que Once hijos propone, con acierto.

Es difícil narrar el argumento que los textos que Franz Kafka proponen. Más bien, hay una suerte de voluntad de revelar el absurdo de la existencia, desde diferentes escenas o situaciones. En el caso de Once hijos, se trata de una breve descripción que sostiene el padre, respecto de cada uno de sus once hijos. El punto es que ninguno le gusta del todo y a todos les encuentra un defecto. Básicamente, es otra tentativa de Franz Kafka por agotar el absurdo de la paternidad, su consumación imposible. De manera soterrada, sutil, el texto es otro alegato contra la paternidad y, por extensión, contra la vida burguesa y la familia.

 

Ficha técnica:

REGRESO A CASA

Autor: Franz Kafka

Traducción: Roberto Bein

Diseño de movimiento e interpretación: Matías Etcheverry

Visuales: Fernanda Heras

Voz: Miguel Rausch

Dirección: Laura Conde

 

ONCE HIJOS

 

Autoría: Franz Kafka

Versión: Federico Ponce

Traducción: Pablo Caramelo

Actúan: Manuel Aime, Juan Pablo Antonelli, Daniel Barbarito, PatrIcIo BértolI, Pablo Caramelo, Manuco Firmani, Juan Pablo Maicas, Rodrigo Martinez Frau, Marcos Paterlini, Rodrigo Pedrosa, Lautaro Sosa Ruiz, Matías Tagliani

Vestuario: Belén Pallotta

Diseño de luces: Lucas Orchessi

Diseño sonoro: Gustavo Lucero

Diseño gráfico: Javier Luppi

Fotografía: Victoria Nordenstahl

Entrenamiento corporal: Veronica Litvak

Asistencia de dirección: Francisco Oliveto

Producción: Elkafka Espacio Teatral, Zoilo Garcés, Federico Ponce

Supervisión: Graciela Schuster, Rubén Szuchmacher

Coreografía: Veronica Litvak

Dirección: Federico Ponce

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Esta entrada fue publicada en 30 agosto, 2016 por en teatro y etiquetada con , , .
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