SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Las últimas lunas

LAS ULTIMAS LUNAS01baja

Por Jesica Guarrina.

De la mano de un lenguaje sencillo y claro, Las últimas lunas se propone “cuestionar con humor y franqueza qué hacemos con los ancianos en la sociedad moderna”. Tal es la propuesta ofrecida a través de la gacetilla de esta obra. A mi criterio, no se propone abordar tan solo esta cuestión. El espectáculo nos invita a observar el problema moderno de la vejez no solo desde el lado social sino también desde el punto de vista de los propios ancianos, los protagonistas per se.

No se necesita de un gran despliegue escenográfico ni de mágicos artilugios visuales. Encarnado en Federico Luppi, la obra gira prácticamente alrededor de tamaña estrella. Y no es para menos. Su simpleza, su postura transparente, a la vez firme y sólida, dentro del escenario, lo convierten claramente en uno de los actores indiscutibles, representantes ahora no solo del cine argentino, sin también del teatro. Vaya sorpresa esta: queda ampliamente demostrada su diversidad actoral e interpretativa. En pocas pero contundentes escenas, basadas enteramente en monólogos y pequeños diálogos, Luppi logra desplegar y hacer cuerpo, aquellas características que revisten su personaje: una persona mayor dotada de cierta ternura, pero agobiada de tanto camino recorrido, que decide irse a pasar el resto de sus vida a una residencia para la tercera edad, con tal de no significar una molestia o una carga en la casa de su hijo, nuera y nietos. Luego de conversaciones tanto con su hijo (Vayo) como con el recuerdo de su fallecida esposa (Hornos), nuestro personaje nos muestra que la problemática de la vejez no atañe solamente a las políticas públicas de servicios sociales, ni siquiera solo al tratamiento que se le da a cada anciano, dentro de cada familia, sino también –a mi entender- al modo en que ellos mismos se posicionan dentro de la misma sociedad. Ambas caras de la misma moneda se colocan sobre el tapete, pues tal como ya se ha dicho y reiterado innumerables veces “se debe distinguir entre las frases y figuraciones que decimos y los intereses reales, entre lo que nos imaginamos ser y en lo que en realidad, somos”. ¿De dónde derivará, de que lugar estructural emanará, toda esta superestructura de sentimientos, ilusiones y modos de pensar, la cual ha cristalizado y coagulado en concepciones de vida tan inamovibles como aquellas que llegan a otorgar crédito a la creencia de que los ancianos son el mismísimo estorbo, el último reducto social del cuál indefectiblemente ha de deshacerse? ¿A qué modo de producción económico-social, a qué sistema de relaciones sociales, a qué tipo de base material, de infraestructura, correspondería todo este conjunto de ideas sino es al de un sistema de tipo capitalista burgués, el cual optimiza y acumula capitales en una minoría propietaria, ligada a un poder político en decadencia cuyo estandarte, el Estado- nación (y social) parece derrumbarse ante nuestros ojos? No parece casual que ante el espectáculo de la decadente modernidad se haya extendido la edad jubilatoria en el mundo entero, se haya ampliado la franja poblacional económicamente activa y se hayan colocado restricciones a los beneficios sociales para la tercera edad, tales como las trabas al acceso de sistemas de salud dignos y eficientes. Pues sí, en un estado actual de bajo crecimiento demográfico a nivel mundial, la vejez resulta ser un estorbo, no genera dividendos sino que produce un creciente gasto público. El problema es que los viejos de hoy – y no solo los jóvenes- parecen creer en tal discurso vigente de una sociedad en la que los recursos “son escasos” como para “crear servicios sociales suficientes”. La reproducción de tal ordenamiento y relaciones sociales dominantes se gesta en las propias familias: Luppi, al dialogar consigo mismo, nos esgrime lucidamente esta disyuntiva actual. Sin embargo, sus reflexiones resultan ser verdaderas perlas del ámbito de la dramaturgia –y no solamente de éste. Tan solo algunos parlamentos sueltos tales como que “los viejos son los únicos a los que se les permite alcanzar las utopías” y algunas escenas impactantes que tratan del desconocimiento de los padres a sus hijos y viceversa, merecen atención y fundamentan nuestra presencia al espectáculo.

 

Centro Cultural de la Cooperación. Av. Corrientes 1553, CABA.

Viernes 20h.

Ficha Artística

Dramaturgia: Furio Bordon

Dirección: Susana Hornos

Actores: Susana Hornos, Federico Luppi y Ramiro Vayo

Asistencia de dirección y producción: Lucía Tomás

Producción general: Pablo Silva y Susana Hornos

Escenógrafa:: Eliana Sánchez

Diseño de luces: Pedro Zambrelli

Silbatriz: Marisa Pons

Diseño gráfico: Yael Silva

Fotografía: Gianni Mestichelli

Prensa: OCTAVIA Comunicación

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Esta entrada fue publicada el 25 julio, 2016 por en teatro.
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