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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Nocturno hindú

Por Luciano Alonso

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Ni soy un lector particularmente entusiasta de Antonio Tabucchi, ni dejo de serlo. Todos los libros suyos que he leído, han sabido captar mi atención, de un modo u otro. A esta altura, Sostiene Pereira se ha convertido, merecidamente, en una suerte de nuevo clásico. Arranqué la lectura de Nocturno hindú con curiosidad indolente. Aunque es un libro corto, su propuesta es compleja, no tanto por lo que exhibe, sino por lo que oculta.

La narración avanza a fuerza de sobreentendidos. En lugar de contar una historia, el narrador se las ingenia para sugerir la trama, antes que revelarla. Ni siquiera se trata del tópico de narrar la imposibilidad de una narración. Más bien, se trata de describir con precisión los detalles de una escena, ahorrándose la vinculación que existe entre ellas y el conjunto. La estrategia parece fácil: capítulos cortos que operan como pistas, cuya sucesión articula los nudos de la trama. Sin embargo, la finalidad de esta operatoria se vuelve elusiva, porque el autor se preocupa especialmente de no aclarar jamás su sentido. ¿Entonces? Entonces es el lector el que tiene que darle un sentido al conjunto, ya que la construcción argumental apunta a una meta que luego es voluntariamente desdibujada.

Como en algunas novelas de Sciascia, como en algunas novelas de Auster, como en la obra de Bolaño, Nocturno hindú se vale de la arquitectura de la novela de intriga, para develar un enigma que se vuelve más metafísico que policial. Por eso, al final, la novela acaba disolviéndose en preocupaciones del orden de lo existencial. Por eso, también, lo onírico revela su impacto: la realidad se vuelve tan extraña como un sueño.

El narrador-protagonista viaja hasta la India con la intención de dar con Xavier, un amigo del que ha perdido el rastro. Sin proponérselo especialmente, se convierte en una suerte de detective. Entrevista a las personas que Xavier ha frecuentado, visita los lugares que Xavier ha visitado. En el camino, se cruza con personajes peculiares, cuyas conversaciones, a veces algo descolgadas, sin embargo se vuelven misteriosamente coherentes. El disparador de la trama, el motor que la alimenta, se sostiene hasta el final. Sin embargo, la resolución es mil veces inesperada.

Al ser una novela de detalles (y de paisajes), donde la pluma parece más importante que la historia, donde la forma parece más interesante que el contenido, la sola idea de una adaptación teatral parece algo inconcebible. Si la epifanía del personaje no puede ser descrita con palabras, la alusión al paisaje y los estrafalarios escenarios de la India, acaso pueden darnos una idea de ella, pueden estimular nuestra imaginación con acierto. Sin embargo, no caben los paisajes de la India en una habitación cerrada.

No obstante, Gabriela Izcovich (que además de dirigir la adaptación, actúa), se las ha ingeniado de una manera notable para transmitir el mensaje de Nocturno hindú, incluso a pesar de las limitaciones, incluso a pesar de la traducción, del idioma. Está bien, suena lógico: Gabriela Izcovich viene trabajando en esa línea desde hace años ya, adaptando obras literarias que parecen intraducibles al lenguaje teatral y siempre ha salido bien parada (jamás me imaginé que una obra enrevesada como La música del azar pudiera ser adaptada con tanta fidelidad). Es curioso, pero pienso que parte del acierto de Nocturno hindú está, precisamente, en haber sabido captar que, aunque transcurre en la India, en realidad la obra transcurre en ningún lado. Por eso ha dejado de importar que no veamos esos paisajes cuya presencia es una ausencia.

Tres actores, algunas sillas viejas, unos papeles tirados en el suelo y mucho talento e imaginación alcanzan para representar diferentes latitudes, escenarios y personajes. Un viaje en taxi, hoteles, un hospital, la sede de la sociedad Teosófica, bares, conversaciones y más conversaciones. A veces, incluso, sin solución de continuidad. Pero está bien, porque la novela misma transmite esa impresión.

Sería infantil proponer una única manera de leer un texto. Lo interesante con la literatura es, precisamente, la plasticidad de su lenguaje. En lo personal,  me parece que la adaptación de Gabriela Izcovich peca de una comicidad que la novela no tiene. Mejor dicho, la obra de Antonio Tabucchi es profundamente cómica, pero de una manera intelectual, no de una manera explícita. La humorada de Antonio Tabucchi es muy sutil: presentar una trama policial para develar un enigma existencial.

Me hicieron ruido algunas escenas, como la del chico deforme adivino, que lee el karma por cinco rupias. Esa escena en el libro es conmovedora y en la adaptación teatral se vuelve cómica. Me parece que, incluso, es algo ofensivo que esa escena se vuelva cómica, ya que, en la novela, es un momento de cierta solemnidad. Pero, lo admito, son detalles. La experiencia en conjunto es altamente satisfactoria. Son cosas que pasan. Hay discursos que se adaptan mejor a un formato que a otro. Por ejemplo, en el libro la escena del cartero Tommy no me llamó particularmente la atención y, en la adaptación teatral, creo que es posiblemente el momento más logrado.

En definitiva, diría que el resultado es ampliamente interesante y satisfactorio porque, a pesar de las variaciones y de los detalles, en la adaptación teatral nos encontramos a Antonio Tabucchi con su encanto. A pesar de la traducción (en sentido amplio), sentimos la presencia del autor y, con eso, basta.

 

Ficha técnica

Adaptación: Gabriela Izcovich

Actúan: Gabriela Izcovich, Alfredo Martín, Agustín León Pruzzo

Escenografía: Alicia Leloutre

Iluminación: Mariano Dobrysz

Música original: Ezequiel Izcovich

Fotografía: Marco Riccobene

Asistencia de dirección: Marco Riccobene

Prensa: Tehagolaprensa

Producción ejecutiva: Marco Riccobene

Dirección: Gabriela Izcovich

 

EL PORTON DE SANCHEZ

Sánchez de Bustamante 1034 (mapa)

Capital Federal – Buenos Aires – Argentina

Teléfonos: 4863-2848

Web: http://www.elportondesanchez.com.ar/

Entrada: $ 180,00 / $ 120,00 – Sábado – 23:00 hs

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Esta entrada fue publicada en 9 marzo, 2016 por en teatro y etiquetada con , , .
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