SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Las descamisadas

000133805Por Jesica Guarrina

En el paraje de Ramona (Shijman), un bar masculino y alejado de la ciudad, algo campestre y sin aires de fineza, que alberga a los borrachos de siempre, pero también a los hombres de la nueva clase media y popular de la Argentina peronista de los 50s; ocurre algo inusual el 11 de Noviembre de 1951. En ese día privilegiado si los hay, día en que 3 millones y medio de mujeres de nuestro país efectivizan su derecho al voto –previa sanción de la ley 13.030 en 1947-, Tina (Houllé) y Amalia (Ursi) en un ímpetu de locura y huída, y casi sin premeditarlo, se aventuran al encuentro con su vieja colega. En ese día de 1951, se concretó el objetivo primario de una larga lucha social comenzada por allá, a principios de la década de 1910, de la mano de mujeres socialistas como Alicia Moreau de Justo, o diputados como Mario Bravo. Ese día que nos parece tan lejano a las generaciones de hoy, y sin embargo, tan actual y cercano a las sociedades de nuestros días, tanto a hombres y mujeres, a las declaradas feministas y a las que no.

Es allí que en el paraje de suburbio, comienzan a discutirse algunas ideas. Entre diálogos emotivos y coreografías al ritmo del tango y la milonga –como la emblemática La descamisada interpretada por Nelly Omar-; por un lado, nuestras protagonistas lamentan haberse alejado del centro y se cuestionan el por qué de ir o no a votar, ese nuevo espacio social del que se habla en el mundo entero y del que ahora pueden participar las mujeres. Y, a pesar de que Tina refiera al hecho con cierta nostalgia y hable de aquellas mujeres de la media y alta sociedad de “labios pintados” y “vestidas de punta en blanco” que, a diferencia de ellas, se atrevieron a ejercer tal derecho; por el otro lado, se establece un contrapunto interesante. Casi sin darnos cuenta, el diálogo entre Ramona, Tina y Amalia hace emerger ciertas estructuras mentales, pensamientos y prejuicios que hoy en día, talvez, persisten en el imaginario social. En un punto, se aprecia como logro, como conquista social el tener acceso y derecho al voto en relación al concepto de igualdad. Pero a su vez, se discute tal concepto, se lo pone en tela de juicio y entredicho. Parlamentos clave en esta pieza teatral tales como “¿Qué pensás? ¿Que el votar te hace igual”? -le reclaman Ramona y Amalia a Tina- “si somos diferentes, los hombres no son capaces…..capaces de dar a luz” o “mañana tenés que abrir la alacena igual”; nos llevan a pensar acerca del verdadero significado de la noción de igualdad. Más allá del avance social indiscutible que significa la práctica del sufragio femenino, desde una perspectiva más filosófica, a partir de este espectáculo, nos podemos animar a pensar hasta qué punto es real la igualdad jurídica entre hombres y mujeres en la práctica. Hasta qué punto nos sirve y funciona que seamos iguales. En qué aspectos se ve la división sexual del trabajo como contraproducente. Por qué las mujeres desean ser mujeres, pero sin aceptar lo que se tiene como principio genérico de feminidad: la pasividad, la receptividad, la nutrición, lo emocional…. Con esto no debiéramos regresar a la década de los 50s, sino simplemente reflexionar sobre los alcances y costos de dichas coquistas sociales.

Lejos de entablar una guerra encarnizada entre los sexos y géneros, Ramona, Tina, y Amalia, encarnan diferentes facetas de nuestra conciencia colectiva: no hay una que merezca mayor razón o grado de verdad que otra. Las tres personifican nuestros tironeos mentales de ideas contrarias, de idas y venidas, de elementos modernos y nuevos y elementos remanentes. Todas ansiamos la independencia y la autosuficiencia “masculina” y a la vez, no soportamos que tengamos que ser las que “hacemos todo”. Esto lleva a preguntarnos: ¿desde cuándo nos hemos creído que el hombre era autosuficiente? ¿Desde cuándo hemos polarizado a lo femenino de lo masculino, otorgándole sentido a lo primero por contraposición a lo segundo, y no por valor en sí mismo, un valor único e irrepetible y no por ello, “rezagado”, simple valoración moral? Ya Nietzsche decía en su Gaya Ciencia: “ ¿(…) para qué la moral, cuando la vida, la naturaleza, y la historia son inmorales?”1

1 Traducción libre del aforismo 344 “(…) para que moral, quando vida, natureza, e história são ‘imorais’?” en NIETZSCHE, Friedrich, A Gaia Ciência, Companhia das Letras, Sao Paulo, 2012.

Autoría: Ariel Gurevich

ElKafka espacio teatral. Lambaré 866, CABA. Viernes 23h.

Actúan: Julia Houllé, Cecilia Ursi, Claudia Schijman y Hernán Lettini.

Escenografía: Ana Sarudiansky.

Realización escenográfica: Esteban Siderakis y Mariana Ayala.

Diseño de iluminación: Leandra Rodriguez.

Asistencia de iluminación: Susana Zilbervarg.

Coreografías y movimiento: Luis Sodá.

Vestuario: Jam Monti.

Diseño sonoro: Francisco Seoane.

Selección musical: Ariel Gurevich.

Fotografía: Pía Leavy.

Diseño gráfico: Lucas Pastori.

Prensa: Marcos Mutuverría/ Duche&Zarate.

Asistencia de dirección: Giuliana Kiersz.

Entrenamiento corporal y coreografía: Esteban Siderakis.

Dramaturgia y Dirección: Ariel Gurevich.

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Esta entrada fue publicada en 8 marzo, 2016 por en teatro y etiquetada con .
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