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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Los opas (otro drama burgues)

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 Por Jesica Guarrina

La vejez. Ese estado al que nadie, por lo menos ninguno de los jóvenes, desea alcanzar concretamente. Se sabe que forma parte de un futuro demográfico universal más o menos inminente, más o menos lejano; pero siempre psicológicamente distante desde lo personal. Sabemos que la degradación biológica es inevitable, en algunos produciéndose de manera gradual, lenta y paulatina; en otros de forma brusca y repentina como si fuese la gran debacle de nuestra vida. Pero siempre se produce. Y, al menos hoy en día, en estos tiempos que corren, época en la que la juventud como categoría social se encuentra supravalorada y se constituye como sinónimo de vitalidad y actividad, y en la que la perpetuación de la juventud se erige como nuevo valor de la modernidad, cuesta hallar personas que acepten el paso del tiempo desde una perspectiva positiva. ¿Acaso hemos perdido aquella antigua idea de que a medida que nos acercábamos a la vejez, nos acercábamos a la sabiduría…y si se quiere, a la espiritualidad? Tal parece que sí. Los opas no es solo una cosmedia negra. Es una porción de una realidad social: nos muestra de una manera un poco dramática y un poco divertida, de una manera un poco exagerada y un poco realista, esta gran problemática que atraviesa la sociedad de nuestro tiempo. Desde empresas de la salud que excluyen a jubilados y pensionados o los relegan a planes de “cobertura médica” de inferior calidad, hasta letreros delimitadores con leyendas como “espacio de la tercera edad”….la lista de pequeñas prácticas que construye dicho panorama se incrementa vertiginosamente: hablamos de una realidad social signada por la lucha simbólica entre las generaciones dentro del sistema social. En un ataque de franqueza y honestidad, Ernesto (Durini) toma la batuta a la hora de direccionar el escuadrón del crimen. El plan a llevar a cabo junto a sus hermanos comandados, Ana (Carullo) y Mario (Pinto), radica lisa y llanamente en asesinar a su madre (Espindola), una anciana de 80 años, postrada en silla de ruedas, esclava de varios medicamentos a ser administrados diariamente, pero a la vez, repetitiva y expeditiva en sus palabras, algo olvidadiza pero charlatana. Eso desde una mirada superficial. La madre vieja, aparentemente postrada y todo, se ha dedicado a vampirizar a sus hijos consciente o inconscientemente. Los ha endeudado hasta la coronilla entre geriátricos, médicos y remedios, los ha hecho perder hipotecas y bienes, les ha quitado serenidad y tranquilidad mental, les ha sustraído tiempo libre, en suma….los ha vuelto locos. Sus vidas se han vuelto desgraciadas y tal parece que la única escapatoria o retorno a la felicidad es su muerte. Como si fuese un gran apocalipsis, la vida de los hermanos parecía tranquila y apacible hasta el envejecimiento de su madre. La muerte y la vejez continúan siendo temas tabús en la actualidad. Esta obra conforma una mirada interesante, apoyada en un humor particular, sobre ellos. El modo en que asociamos la enfermedad a la vejez, no es el mismo en que la asociaríamos a la juventud. Una persona jóven que se “ha pescado” un enfermedad terrible enseguida suscita pena, lástima y compasión. Lejos de pregonar una mirada piadosa y compasiva de la vida, mi punto es que, un setentoso u ochentoso bajo esta misma circunstancia, quizás no sea tan digno de dichos sentimientos y se lo tome cómo algo más “natural”. La enfermedad continúa indefectiblemente asociada a la vejez y a la muerte…..¿no será que debemos modificar ciertas conductas en nuestra vida personal, empezar a valorar nuestra juventud, desde un lugar diferente al que ocupamos hoy día, para llegar de otra manera también, a nuestra vejez? ¿Será que se podrá transformar ese determinismo de que los viejos mueren enfermos? ¿Por qué será que todo lo enfermo y viejo, todo lo putrefacto y en descomposición nos produce rechazo y, en lugar de asimilarlo como parte de un ciclo inevitable de la vida, se elige descartarlo, botarlo a la basura, eliminarlo, borrarlo de la existencia? Los opas, un drama cómico familiar, susceptible de extenderse al ámbito de la reflexión personal y social. Para reveer conceptos.

Teatro Losada. Av. Corrientes 1551, CABA. Viernes 20:30h.

Autoría: Daniel Dalmaroni

Actúan: Amancay Espindola, Matias Durini, Luciana Carullo y Segundo Pinto.

Dirección: Sebastián Bauza.

Asistente de dirección: Leonardo Prestia.

Escenografía: Nicolás Nanni.

Iluminación: Claudio Del Bianco

Fotografía: Ariel Venezia.

Vestuario: Myriam Rodriguez.

Prensa: Silvina Pizarro.

Publicidad: Praga Media Agency.

Diseño Gráfico: Cecilia Cuccioletti.

Asistente de Producción: Teresa Solana

Producción general: Leonardo Prestia (LVC Systems)

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Esta entrada fue publicada en 5 marzo, 2016 por en teatro y etiquetada con .
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