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Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Segundo subsuelo

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Por Luciano Alonso

Las paredes tapizadas hasta el techo con cientos de notas. En el centro del escenario, un escritorio con biblioratos y un extraño casco plateado que magnetiza la atención. Se sobreentiende que es una suerte de oficina, pero que también podría ser una nave espacial gigante. Gundisalvo (Rodrigo Raffetto) es una suerte de Zaphod Beeblebrox, con esa mezcla tan particular de líder dandi, chanta y personaje encantador y detestable. De la Rada (Lucas Russo) es su obsecuente secretario. A pesar de tener una maestría en asuntos burocráticos, se revela inútil a la hora de resolver conflictos menores que deberían ser pura rutina. El cuadro se termina de completar con otras dos secretarias: Gartzia (María Mirás), que De la Rada pretende infructuosamente y Bianca (Irene Huber) con quien Gundisalvo parece tener una suerte de affaire, pese a ser un hombre casado.

La tensión en la oficina es constante: tensión laboral y tensión sexual. Lo habitual en estos ámbitos. Las ambiciones de ascenso forman parte de los perversos juegos de poder (y de placer). Por algún error que no queda del todo claro, en algún momento irrumpe en este submundo la, así llamada, Señora Pobre (Lilian Zarreth). Ella parece venir de otro mundo y genera un conflicto en el que se cifra el nudo del argumento. El contraste entre la Señora Pobre y los burocráticos está inteligentemente denotado por el lenguaje. Por alguna razón no explícita, el léxico que prepondera es el del español gallego. Sin embargo, la Señora Pobre habla en porteño. Peor aún, habla en un porteño del conurbano, en un porteño de las clases bajas. Los burocráticos no sólo están desconcertados, sino también espantados. Intentarán sacarse de encima a la Señora Pobre a toda costa.

La Señora Pobre está ahí para reclamar un subsidio de 1000 créditos para su marido enfermo. Los burocráticos conseguirán despistarla con un galimatías técnico y legal. La Señora Pobre, rompiendo el acuerdo de la cuarta pared, le habla al público. Pide su opinión, busca consentimiento. Se siente ultrajada y menospreciada por ser pobre. Entonces emprende un monólogo cuyo discurso paranoico es hilarante. El episodio de la Señora Pobre no será el único episodio anómalo que acontezca. Un movimiento piquetero sindicalista, que parece surgido del presente inmediato, también irrumpe en la ficción, para hacer oír sus reclamos.

Ana (Cecilia González), la mujer de Gundisalvo, es una suerte de hippie new age del futuro. Pese a los problemas y peleas que tiene con su marido, decide ir a la oficina a llevarle una tarta, pues aún lo quiere y sospecha que Gundisalvo no está alimentándose bien. El azar quiere que la Señora Pobre y Ana coincidan, en medio de un inusual clima de agitación y confusión. Entonces, ellas desarrollan un vínculo que otorga un inesperado twist a la trama, que ya no puedo seguir relatando sin arruinar la sorpresa.

Entre otras cosas, Segundo subsuelo se convierte en una inteligente sátira política sobre el poder, sobre lo arbitrario de su apropiación y sobre la neurosis que existe en la irresuelta tensión entre ricos y pobres.

La utilización del espacio es correcta y la elección de las canciones (destaca El Invierno, de Vivaldi, con imperdible coreografía) es sencillamente espectacular. Las luces, el sonido, el vestuario, todo encaja como en una pieza de relojería. Realmente es una obra estupenda que nadie debería perderse, cuya genialidad no depende de un aspecto u otro, sino de una superposición de diferentes niveles de lectura. Básicamente, sorprende y funciona bien por todos lados.

Preponderan el humor absurdo, las situaciones oníricas y grotescas, pero nunca se pierde el discurso político de trasfondo, incluso cuando la ideología ha quedado relegada a una búsqueda estética cuya persecución se vuelve un acierto.

Es imposible no relacionar Segundo subsuelo con esa obra maestra total que es Brazil, de Terry Gilliam. Resuenan los ecos de la ciencia ficción de animés como Cowboy Bebop. En cualquier caso, lo que consigue plasmar Segundo subsuelo, (lo que más me interesa) es la mirada de extrañamiento con la que aborda su objeto de estudio. Tal como sucede en ciertas novelas de Kurt Vonnegut, o en el corto Isla de las Flores, de Jorge Furtado o The Percect Human, de Jorgen Leth. Hay, en este “descorrerse de lo cotidiano para mirarlo como quien estudia un objeto extraño”, una operatoria que me parece sumamente inteligente, original y de lo más interesante.

Absoluta, total y completamente recomendable.

 

Ficha técnico artística

Dramaturgia:Cecilia Gonzalez
Actúan:David Bauer, Cecilia Gonzalez, Enrique González, Irene Huber, María Agustina Mirás, Seba Poveda, Rodrigo Raffetto, Lucas Russo, Liliam Zarreth
Vestuario:Lara Sol Gaudini
Escenografía:Cecilia Gonzalez
Diseño de luces:Elian Lopez
Diseño sonoro:Ezequiel Bianchi, Elian Lopez
Fotografía:Evans Cristobal
Diseño gráfico:Francisco Hnilo
Asistencia de escenografía:Enrique González
Asistencia de dirección:Dalina López
Prensa:Simkin&Franco
Producción:Los Perros De Pavlov
Supervision Artística:Martín Salazar
Puesta en escena:Ezequiel Bianchi, Cecilia Gonzalez, Elian Lopez
Dirección:Elian Lopez
Duración: 75 minutos
(LA PAUSA) TEATRAL
Corrientes 4521
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Web: http://www.lapausateatral.com.ar/
Entrada: $ 100,00 / $ 80,00Domingo19:00 hs – Hasta el 27/09/2015
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Esta entrada fue publicada en 21 julio, 2015 por en teatro y etiquetada con .
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