SPECTAVI, reseñas críticas -teatro,literatura,plástica,cine-

Julieta Mariel Messer Contacto: julieta.messer@hotmail.com

Amaras la noche

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Por Luciano Alonso

El teatro como una propuesta en la que el espectador cierra el sentido. Un discurso habitual y cuestionable. La tendencia constante a considerar la obra apenas un contrapeso. Tal como sucede con la poesía. El sentido abierto a la interpretación. La tibieza habitual de un borrador incompleto. Work in progress, le dicen. Amarás la noche permite esta dinámica. Es más, depende de ella. Lo que la vuelve una obra irregular, con momentos incuestionablemente buenos y momentos incuestionablemente… malos. Contiene una serie de aciertos por los que vale la pena apostar por ella, pero también una serie de desaciertos que amargan la experiencia.

El argumento, si acaso hay uno, es simple. Se trata de un diálogo abierto entre madre e hija, que transcurre en un escenario casi vacío. Dos sillas y un impecable juego de luces servirán a ese propósito. Sobre estos mínimos elementos se va construyendo, progresivamente, la historia (por decirlo de alguna forma). Más que una historia, diría que se trata de la visualización de un instante, un rapto de nostalgia, como el que podríamos sentir al contemplar una fotografía atravesada de emociones.

Ahora bien, al apostar al minimalismo, la puesta en escena debe cuidar con mucho celo los detalles y aquí es donde la obra trastabilla irremediablemente. En detalles tan pequeños que casi avergüenza denotarlos. Pero, al mismo tiempo, se vuelve inevitable hacerlo porque la obra misma intenta construirse sobre elementos mínimos. Invita a una intimidad en la que esos detalles no pueden invisibilizarse, como es costumbre. Amarás la noche se vuelve tan transparente a los detalles que los detalles se vuelven en su contra. Por ejemplo, el balde-maceta en el que la madre guarda su bufanda tejida. Horroroso a la vista, tal como la misma bufanda, sin que esa parezca ser la intención. ¿Realmente no había otro recipiente disponible más bonito y menos barato y con un color menos chillón? La actriz, que (a juzgar por los movimientos que lleva a cabo) claramente no sabe tejer a crochet, simula coser a crochet y esa simulación es imperfecta y disuasoria. Casi diría que es desesperante. Realmente preferiríamos que no hiciera nada con sus manos, antes que realizar algo tan ridículo como fingir coser de una manera tan burda. Estos pequeños detalles (y otros) aguan la experiencia y no porque los detalles sean importantes, sino porque (en este caso) la obra misma se construye sobre detalles.

Lo mejor son ciertos golpes de timón en el libreto (improvisados o ensayados, no importa) y la impecable actuación de Silvia Dietrich que, a pesar del dislate con el crochet, constituye una verdadera proeza. En sus mejores momentos, la obra descubre que ciertas frases épicas también pueden pertenecer a carteles publicitarios y, con ello, nos invita a pensar en lo frágil y cuestionable de las nociones sacras. Más aún, la madre se viste de Vírgen, para que su hija tenga un momento sagrado. Pero la madre ya no cree. Sólo es un hábito, una suerte de noción heredada.

En sus mejores momentos, también, la obra contiene una serie de diálogos que parecen remitir a un tiempo y geografía imprecisas, a mitad de camino entre el absurdo y el postapocalipsis, tal como sucede en las obras de Samuel Beckett. La pantomima de lo sagrado y la evocación a figuras ausentes y familiares fallecidos, refuerzan esta sensación. La intención de querer creer y la imposibilidad de hacerlo se revelan como una constante. Si en Amarás la noche hay un eje en el que merezca la pena detenerse, diría que es ese. La necesidad y la imposibilidad simultáneas por querer creer, por remitir a nociones religiosas insostenibles que, no obstante, se instalan. Transmitiendo una sensación de paradoja y tensión, capaz de tocar ciertas fibras sensibles.

Ficha técnico artística

Autoría:Santiago Loza
Actúan:Silvia Dietrich, Verónica Schneck
Iluminación:Miguel Soloweg
Fotografía:Cooperativa De Diseño
Diseño gráfico:Cooperativa De Diseño
Asistencia de dirección:Jorge Rod
Dirección:Mónica Viñao
EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4862-0655
Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Entrada: $ 120,00 / $ 70,00 – Domingo – 18:00 hs
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Esta entrada fue publicada en 2 junio, 2015 por en teatro y etiquetada con .
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